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VIE, 16 OCT 2026
Turismo

Venecia, la heladería de Devoto que sobrevivió a seis décadas de barrio y de familia

En Avenida San Martín 6877, los hermanos Analía y Adrián Santa María mantienen viva una historia que empezó en 1966 con dos socios, una habitación al fondo y el ruido de los motores de las máquinas. Hoy se suman los nietos y una carta que combina clásicos, mousse de chocolate y opciones sin azúcar.

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Marina OlivaTurismo y sierras · · lectura 4 min
Venecia, la heladería de Devoto que sobrevivió a seis décadas de barrio y de familia

Si caminás por Avenida San Martín al 6800, en pleno corazón de Villa Devoto, te vas a topar con un local que no necesita cartel luminoso para llamar la atención. La heladería Venecia abrió sus puertas en la primavera de 1966 y este año cumplió sesenta años sin moverse de la misma esquina. Abre todos los días, de 9 a 0.30, y sigue siendo un punto de referencia para las familias del barrio que terminan la comida del domingo con un cucurucho en la mano.

El kilo de helado está $25.000 y la propuesta va mucho más allá del mostrador de sabores. Venecia funciona también como cafetería, con tortas caseras que elabora Analía Santa María, quien estudió pastelería y hoy conduce el negocio junto a su hermano Adrián. La combinación de helado artesanal y café de torta es de las más rendidoras del barrio, sobre todo en los meses de calor, cuando la cola se estira hasta la vereda.

Un clásico que se reinventa sin perder la esencia

La producción de helados se hace a diario en el mismo local. Una de las especialidades de la casa es el espumón de chocolate, una especie de mousse liviana que se derrite en la boca y que muchos clientes piden apenas cruzan la puerta. La carta se completa con crema rusa y con la línea de "venecianos", que van del chocolate al dulce de leche y a la crema de vainilla con nuez caramelizada. Los sabores más vendidos siguen siendo el dulce de leche granizado y el sambayón, dos clásicos que resisten el paso de las modas.

Para quienes cuidan el azúcar, hay entre cinco y seis opciones sin azúcar, y con los años se fueron sumando propuestas golosas como el chocolate Dubai. Aun así, Analía reconoce que los gustos de siempre conservan la preferencia del público del barrio, que en muchos casos llega recomendado por sus propios padres o abuelos.

Una historia de socios, pagos mensuales y noches junto a los motores

La historia de Venecia empieza con dos socios, Eduardo Bernal y Eduardo Arzac, y un empleado llamado Rubén Enrique Santa María. Cuando ambos se separaron, Rubén se hizo cargo del negocio pagándolo en cuotas mensuales. Junto a su esposa, Beatriz Ofelia Fernández, conocida como Betty, sostuvo la heladería durante décadas. En los primeros tiempos, la vida familiar transcurría adentro del local: dormían en una habitación del fondo, junto a los motores de las máquinas que mantenían los heladeros a temperatura.

Cuando Rubén se enfermó, Adrián tenía unos 17 o 18 años y empezó a hacerse cargo de la producción. Tras la muerte de los padres, él y Analía continuaron al frente del negocio, y hoy se suma la tercera generación: Gianluca, nieto de los dos, ya trabaja en el local. La familia también abrió una sucursal cerca de la plaza de Devoto para descomprimir la atención en la casa original.

“Ahora recibimos a los nietos de quienes venían con sus padres. Es muy lindo ver cómo se repiten las mismas caras, pero una generación más arriba.”Adrián Santa María

Precio de referencia y cómo llegar

El kilo de helado ronda los $25.000 y un café con una porción de torta casera es una opción accesible para una merienda larga. Desde el centro porteño, lo más cómodo es tomar la avenida General Paz hacia el norte y entrar a Villa Devoto por la avenida San Martín, que es la columna vertebral del barrio. El local está en San Martín 6877, a pocas cuadras de la plaza, y conviene ir con tiempo porque los fines de semana la fila puede superar la media hora.

Una alternativa menos conocida

Si querés probar algo distinto dentro de la misma propuesta de helado artesanal y cafetería de barrio, en Devoto funciona la sucursal que la familia abrió cerca de la plaza, con la misma carta y el mismo precio por kilo. Es una buena opción para evitar la cola del local original y, de paso, recorrer el casco histórico de un barrio que combina casonas antiguas, árboles añosos y una vida callejera que muchos porteños todavía no conocen.

La mejor época para ir

La temporada fuerte va de octubre a marzo, cuando el calor de la Ciudad de Buenos Aires pone a prueba cualquier aire acondicionado. Pero los meses de septiembre y abril, en los extremos de la primavera y el otoño, suelen ser los más agradables para sentarse en la vereda con un café y una torta. En setiembre, además, la Asociación de Fabricantes Artesanales de Helados y Afines (AFADHYA) le entregó a Venecia un reconocimiento por las seis décadas de trayectoria, una excusa perfecta para acercarse y celebrar con un cucurucho.

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Marina OlivaTurismo y sierras

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