Los Russo miran hacia el oeste: cómo el cine de Leone se metió en la nueva aventura de los Vengadores
Joe y Anthony Russo reconocieron que el western clásico italiano es su principal espejo a la hora de pensar Vengadores: Doomsday, una película de 165 minutos que apuesta a recuperar el evento de sala en tiempos de streaming.
Me imagino la sala todavía a oscuras, con esa sensación de butaca que cruje antes de que arranque la función, y la imagen que tienen en la cabeza los Russo cuando piensan en su próxima Vengadores no tiene superheroes ni rayos gamma: tiene polvo de desierto, un duelo a cámara lenta y la música de Ennio Morricone. Es una postal vieja, de las que se ven en un proyector que zumba, y sin embargo es la brújula con la que Joe y Anthony Russo empezaron a armar Vengadores: Doomsday, la nueva entrega del universo Marvel que los trae de vuelta al sillón de directores después de la salida de los hermanos de Capitán América y Endgame.
En una charla con AP News, Anthony Russo fue al hueso: "Joe y yo crecimos con todo tipo de cine, pero los westerns siempre han sido muy especiales para nosotros". No lo dijo como un saludo a la bandera. Lo dijo mientras explicaba que la película que más los está orientando, la que tienen clavada en la pared del equipo creativo como un mapa, es Hasta que llegó su hora, el clásico de 1968 que Sergio Leone rodó en Italia con Charles Bronson, Claudia Cardinale y Henry Fonda, y que en su idioma original se llama C'era una volta il West.
Lo que aprendieron mirando a Leone
- La escala visual enorme al servicio de una historia chica, con el desierto funcionando como un personaje más y no como un decorado.
- La paciencia para sostener silencios largos, donde el plano dice más que cualquier diálogo de superhéroe.
- El manejo del suspenso antes del tiroteo final, esa forma de estirar el tiempo que en una sala llena se siente como un latido compartido.
- La convicción de que un western, igual que una película de héroes en pijama, puede volver después de que todos den por muerto al género.
Lo que los Russo quieren calcar no es la ambientación ni los sombreros, quede claro. Lo que les interesa es el equilibrio que Leone lograba entre la grandiosidad de la imagen y los momentos de intimidad emocional, esas escenas donde un personaje mira hacia otro lado y el mundo se detiene un segundo. Para ellos, ese es el modelo de cine de gran escala que todavía funciona, el que llena butacas porque toca una fibra y no solo porque revienta la pantalla con efectos.
“Al igual que el western, el género de superhéroes fue declarado muerto en distintas épocas, después de períodos de saturación del público, y sin embargo encontró la manera de volver con obras de peso.”Anthony Russo, en declaraciones a AP News
El otro dato que me llamó la atención, y que a cualquiera que haya seguido una producción grande le va a hacer ruido, es que los Russo arrancaron a rodar Doomsday sin tener el guion terminado. Lo dijeron ellos mismos como parte de su método, confiando en la improvisación como una herramienta creativa. A mí, como espectador, esa forma de trabajar me genera una mezcla de curiosidad y de alerta: cuando funciona, el cine respira; cuando no, se nota cada hueco. Habrá que ver en qué parada cae esta vez.
La película va a durar 165 minutos, casi tres horas, un grosor similar al del clásico de Leone y bastante parecido al de Endgame, que en su momento se plantó como un fenómeno cultural y de convocatoria. Los Russo saben que el mapa cambió desde entonces: el streaming se comió parte de la costumbre de ir al cine y la concentración del público se fragmentó entre plataformas. Por eso mismo insisten con la idea de evento, de esa función a la que uno va como quien va a un partido, se acomoda en la butaca y se deja llevar por dos horas y pico de película compartida con desconocidos que respiran a la par.
Si me preguntan a mí, creo que la apuesta tiene una lógica que se entiende mejor cuando uno piensa en Leone: las películas del italiano no se recuerdan solo por los duelos, se recuerdan por la espera, por la cara de Bronson mirando el horizonte, por ese tren que entra en cuadro como si fuera un destino. Si los Russo logran meter algo de esa densidad adentro de un traje con armadura y de un choque de planetas, puede salir una de esas películas que dan ganas de comentar en la fila del estacionamiento. Si la escala del universo compartido termina imponiendo sus propias reglas y aplasta los silencios, vamos a tener otra superproducción ruidosa más. Por ahora, y con el solo hecho de que hayan puesto a Leone como espejo, ya me ganaron la expectativa. La sala, el oscuro y la butaca que cruje, esperándome.
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