El Coyote se sube a un estrado: justicia a los saltos junto a Will Forte en una película que combina dibujos y carne y hueso
La nueva entrega de los Looney Tunes mezcla animación con actores reales, se pasea por el género de juicios y vuelve a poner al Coyote frente a un rival que no es el Correcaminos, sino la propia Acme.
Hay algo que me Imaginate la sala: butacas de terciopelo gastado, pochoclos tibios, la pantalla enorme todavía a oscuras y ese murmullo de familia acomodándose. Cuando se abre el telón de Coyote vs. Acme, lo que aparece no es el clásico cielo del desierto del Coyote, sino una sala de juicios conJudgey, ley y papeles timbrados. La nueva película de los Looney Tunes cruza la animación con actores reales y se da el lujo de meter al Coyote dentro de un juicio, con más de noventa minutos de metraje y con Will Forte como partenaire humano del protagonista.
La idea de base es simple y, al mismo tiempo, descolocante: el Coyote, cansado de comprar productos Acme que siempre le explotan en la cara, decide ir a la Justicia para reclamar. Es el mismo Coyote de toda la vida, el que compraba cohetes, yoyetras, zapatos con patines y cañones de la marca Acme para cazar al Correcaminos, pero ahora en vez de correr detrás del ave, corre detrás de un abogado y de un jury.
Un Coyote con abogado y un humano con problemas
Will Forte interpreta al personaje humano que queda del lado del Coyote en esta cruzada. Su rol funciona como la contracara lógica del dibujo animado: mientras el Coyote se maneja con elasticidad de goma, leyes de la física violadas a piacere y un diccionario de onomatopeyas, Forte aparece como un tipo común, con facturas sin pagar, rodillas que sí se lastiman y un histrionismo de oficina que choca de lleno con el delirio visual delCoyote.
A lo largo del relato, los dos funcionan como espejos deformantes. El Coyote insiste con sus artefactos aunque revienten; Forte insiste con su caso aunque parezca perdido. Esa perseverancia compartida es la que termina deconstruye los dos personajes y los acercando. La película no necesita que lo digan con grandes frases: lo muestra con planos del Coyote recompuesto tras una caída al vacío y de Forte recompuesto tras una caída laboral.
Esa herencia de mezclar carne y hueso con dibujo animado es clave para entender la propuesta. Space Jam juntó a Michael Jordan con Bugs Bunny y compañía; Looney Tunes: De nuevo en acción fue un paso más allá con Brendan en acción. En todos los casos, los humanos eran los que tenían un problema serio y los animados los que desataban el caos. Acá la lógica se repite, pero con un giro: el Coyote no necesita que un humano lo arrastre a una aventura deportiva o de espionaje; lo que necesita es que alguien lo ayude a cobrar una indemnización.
El Coyote, claro, sigue siendo el Coyote. Sus intentos fallidos están todos: los peñascos que caen al vacío, las rocas que vuelven a subirlo, las máquinas de la Acme que hacen exactamente lo que dice el manual y todo lo contrario de lo que uno espera. Pero acá esos gags no son sólo gag: son pruebas que van sumando en la causa, como si cada piedra en la cabeza fuera un párrafo más en la demanda.
Me gustó especialmente cómo la película se toma en serio el cine de juicios sin dejar de ser un Looney Tunes. Hay jueces con cara de palo, hay abogados de la Acme con argumentos corporativos bien pulidos, hay escenas de tribunal que parecen sacadas de un drama judicial clásico, y al lado de todo eso está el Coyote disfrazado de testigo o haciendo playback delante del jury. La mezcla es rarísima, pero funciona.
Un paso más allá del corto
Los cortos originales del Coyote eran una fórmula perfecta en pocos minutos: plan, ejecución, fracaso. Acme. Punto final. Coyote vs. Acme toma esa misma fórmula, la estira a más de noventa minutos y le agrega una capa nueva: las consecuencias de tantos años de intentos fallidos. La película se pregunta qué pasa cuando el Coyote, en vez de simplemente resignarse y empezar de nuevo al día siguiente, decide que esta vez va por la Justicia.
Esa decisión, que parece tan absurda, es la que termina dándole al personaje una especie de dignidad nueva. El Coyote deja de ser sólo el que se pega contra la pared y pasa a ser el que se para frente a un tribunal y dice, con su cara de siempre, que él también tiene derechos como consumidor. Es un giro muy pequeño y al mismo tiempo enorme para un personaje que lleva décadas sin hablar.
“La dinámica de los cortos del Coyote, con sus planes desopilantes y sus caídas siempre en el mismo pozo, se estira en Coyote vs. Acme hasta convertirse en el eje emocional de un juicio con actores reales.”Carla Montenegro
Si me preguntan a mí, lo mejor de Coyote vs. Acme es ese cruce improbable: el Coyote con toga de abogado, Forte con cara de no entender nada, y un juicio que de pronto se vuelve la excusa perfecta para revivir la mejor parte del humor de los Looney Tunes. Salí de la sala con esa sensación agridulce de las buenas comedias: me reí a carcajadas, pero también me quedé pensando en eseCoyote que insiste, insiste e insiste, igual que tantos de nosotros cuando la vida nos devuelve el invertido de la piedra una y otra vez. Una película para ir con chicos y para ir sin chicos, y para salir, sobre todo, un poquito más contentos.
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