Cuando el chat se vuelve un juicio: claves psicológicas para evitar que la pareja interprete de más
Las psicólogas Karina Carreño y Marina Mammoliti analizan cómo la sobreinterpretación de mensajes erosiona la confianza y proponen tres herramientas concretas para salir del círculo de suposición, ansiedad y discusión.
El alcance de un celular suele ser inversamente proporcional a la cantidad de certezas que ofrece una pareja. Una respuesta breve, una demora o un punto final fuera de lugar pueden convertirse, sin más datos, en motivo de conflicto. La neuropsicóloga Karina Carreño y la psicóloga Marina Mammoliti coinciden en que la sobreinterpretación de mensajes es uno de los mecanismos más comunes por los que la confianza se desgasta en las relaciones amorosas contemporáneas, y que ese circuito se sostiene más en lo que cada uno imagina que en lo que efectivamente ocurrió.
Hechos versus significados: la primera distinción clave
Antes de responder un mensaje que genera malestar, Carreño propone una operación tan simple como decisiva: separar lo que efectivamente pasó de la interpretación que se le asigna. Que la pareja haya contestado con pocas palabras es un dato comprobable; que esté molesta, enojada o perdiendo interés, en cambio, es una conjetura. La especialista, cuya formación en neuropsicología orienta su mirada hacia los mecanismos cerebrales involucrados, sugiere regular la ansiedad inicial y conversar para aclarar la duda en lugar de dar por cierta una intención que todavía se desconoce.
En esa línea, Mammoliti suma una segunda herramienta complementaria: en lugar de concentrarse únicamente en descifrar qué siente la otra persona, recomienda prestar atención a la propia emoción que despierta el intercambio. Reconocer qué nos pasa frente a un silencio o frente a una respuesta seca es, para la psicóloga, un modo de interrumpir la interpretación constante y recuperar la conversación directa, sin que el análisis reemplace al diálogo.
- Separar el hecho observable de la interpretación que se le asigna para evitar conclusiones anticipadas.
- Atender la propia reacción emocional antes de buscar un significado en la conducta del otro.
- Preguntar de manera directa lo que preocupa, en lugar de llenar el vacío con suposiciones.
Ambas especialistas coinciden en que la consulta directa cumple una función concreta: aporta información que el análisis de una pantalla no puede ofrecer y, al hacerlo, disminuye la incertidumbre que alimenta la reacción de alerta. Carreño plantea además que es necesario aprender a convivir con respuestas que no llegan de inmediato, ya que no siempre es posible obtener una explicación en el momento exacto en que aparece la inquietud.
Por qué el cerebro completa lo que no sabe
La dificultad para aplicar esas herramientas no es, según las especialistas, un defecto de carácter sino un funcionamiento esperable del aparato cognitivo. Carreño explica que, cuando falta información sobre los sentimientos o pensamientos ajenos, el cerebro intenta anticiparlos y, para completar lo que desconoce, recurre a experiencias anteriores, a temores aprendidos y a inseguridades personales. Así, una demora en contestar termina leída como pérdida de interés, aunque no exista ningún elemento objetivo que permita sostener esa conclusión.
Mammoliti advierte que las experiencias dolorosas previas también condicionan la lectura de las conductas de la pareja. Una necesidad genuina de estar a solas puede percibirse como indiferencia cuando existe miedo al abandono; la baja autoestima o los antecedentes de infidelidad, señala la psicóloga, alimentan la búsqueda de confirmaciones y el intento de controlar al otro, en lo que constituye un patrón que se retroalimenta. El desgaste, coinciden, aparece cuando esas conjeturas empiezan a dirigir las respuestas y derivan en discusiones por situaciones imaginadas y en pedidos reiterados de seguridad que terminan por afectar, paradójamente, la confianza que se intentaba proteger.
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