Antártida desde Ushuaia: cómo prepararse para vivir el hielo blanco sin sobresaltos
Llega a tiempo al Fin del Mundo, elegí bien tu camarote y dejate llevar por el capitán: la experiencia antártica se planifica antes de subir al barco y se disfruta con paciencia una vez en el Drake.
Si alguna vez te imaginaste pisar la Antártida, te cuento que el viaje empieza mucho antes de subir al barco. Todo se define en Ushuaia, esa ciudad del Fin del Mundo que ya de por sí te deja con la boca abierta cuando bajás del avión. Teo Gounaris, CEO de Antarpply Expeditions, lo dice sin rodeos: hay que llegar uno o dos días antes del embarque. ¿Por qué? Porque una demora en el vuelo puede dejarte en tierra mientras el buque se aleja por el Canal Beagle, y no hay segunda oportunidad hasta la próxima temporada.
Desde Buenos Aires, lo más cómodo es volar a Ushuaia con escala en Buenos Aires o en alguna ciudad patagónica. Los pasajes rondan los 80.000 a 150.000 pesos según la anticipación y la aerolínea, aunque los valores cambian con el correr del año. Una vez allí, conviene tomarse un día para aclimatarse, recorrer la avenida San Martín y descansar antes de la aventura.
Qué llevar y qué te proveen a bordo
No hace falta ser explorador ni montañista, pero sí tener movilidad suficiente como para entrar y salir de los botes neumáticos Zodiac y caminar sobre rocas, nieve o hielo. Gounaris recomienda consultar con cada operador qué elementos entregan: algunos incluyen las botas impermeables y el rompevientos, otros solo te dan la chaqueta parka. El seguro de viaje es otro punto clave: no todos cubren emergencias en aguas antárticas, y conviene chequearlo con la aseguradora antes de partir.
Para la vestimenta, el secreto es el viejo truco de las capas: ropa interior térmica, un polar intermedio y un abrigo exterior cortaviento. Así podés regular la temperatura según salgas al Zodiac, entres a una charla o te quedes en el salón de observación mirando el mar.
El camarote: vistas o estabilidad
- Cabinas inferiores y centrales: se siente menos el movimiento del barco, ideal si sos propenso al mareo.
- Cabinas superiores: las vistas son privilegiadas, pero las oscilaciones del Drake se perciben con más intensidad.
- Camarotes con balcón o ventana: permiten disfrutar del paisaje sin salir a cubierta, sobre todo en las horas de navegación más largas.
El buque Ushuaia, una de las opciones clásicas, tiene capacidad para 90 pasajeros en 46 cabinas y suites. Cuenta con comedor, biblioteca, salón de observación y sala de conferencias, donde el equipo de expedición dicta charlas sobre geografía, fauna, historia y los protocolos ambientales que rigen las visitas. Es un ambiente chico, así que en pocos días conocés a casi todos y los guías terminan llamándote por el nombre.
El Pasaje de Drake y la llegada al continente blanco
Después de dejar el Canal Beagle, el buque se interna en el Pasaje de Drake, esa franja de mar que separa Sudamérica de la Península Antártica y que es famosa por su temperamento. Algunas travesías son calmas, otras sacuden hasta los platos del comedor. Ahí no queda otra que armarse de paciencia, tomar un té y dejarse llevar.
Una vez en la Antártida, Antarpply procura organizar hasta dos salidas diarias de unas tres horas cada una, siempre que el clima acompañe. Los Zodiac acercan a costas donde el buque no puede llegar, y permiten hacer caminatas cortas, observar témpanos, glaciares y, con algo de suerte, fauna. Durante el verano austral se ven pingüinos, focas, aves marinas y, a veces, ballenas. Pero ojo: los avistamientos no están garantizados. También está prohibido tocar o alimentar a los animales y hay que respetar distancias y protocolos de bioseguridad para no introducir especies invasoras.
El recorrido previsto puede modificarse sobre la marcha por el viento, el oleaje o la presencia de hielo. La palabra final la tiene el capitán, y los pasajeros lo aceptan como parte del juego. Ir a la Antártida es aprender a convivir con la incertidumbre, y eso, lejos de ser un defecto, es lo que vuelve única a la experiencia.
Si querés una alternativa menos conocida al clásico Ushuaia-Península Antártica, consultá las salidas que combinan la Antártida con las islas Malvinas y Georgias del Sur. Son itinerarios más largos, de unas tres semanas, con desembarcos en sitios remotos y colonias de pingüinos más diversas, aunque también más exigentes en presupuesto: pueden superar los 8.000 dólares.
La mejor época para ir es entre noviembre y marzo, que es el verano austral. Dentro de ese rango, diciembre y enero ofrecen más horas de luz y temperaturas menos extremas, mientras que febrero y marzo traen más actividad animal, con crías de pingüinos y ballenas alimentándose. Si tuviéramos que elegir un mes, te diría que febrero es el punto justo: ya pasaron los primeros fríos, hay fauna por todos lados y los días siguen siendo largos.
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