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VIE, 16 OCT 2026
Turismo

A la caza del puma fantasma: tres días en la estepa nevada de Santa Cruz

Desde Perito Moreno, en el corazón de la ruta 40, se organizan travesías de rastreo del felino más esquivo de la Patagonia. Nieve, huellas, amaneceres bajo cero y la chance, nunca asegurada, de cruzarse con un ejemplar adulto en su propio territorio.

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Marina OlivaTurismo y sierras · · lectura 4 min
A la caza del puma fantasma: tres días en la estepa nevada de Santa Cruz

Te imaginas la estepa patagónica cubierta de nieve, el cielo todavía oscuro y un grupo de personas caminando en silencio detrás de un guía que lee el paisaje como si fuera una página en blanco. Eso, justamente, es lo que se vive cuando se sale a rastrear pumas desde Perito Moreno, en el noroeste de Santa Cruz. La ciudad, parada casi obligada de la ruta 40, se convirtió en los últimos años en la base de operaciones de una experiencia que combina aventura, biología y mucha paciencia.

Cómo es la salida y qué se busca

Las excursiones arrancan antes del amanecer, cuando todavía no salió el sol, y se extienden por sectores cercanos a campos privados y al Parque Patagonia Argentina. En pleno invierno la nieve puede llegar hasta las rodillas, el asfalto se llena de hielo y el termómetro se hunde varios grados bajo cero. Esas condiciones, que a primera vista parecen un castigo, son las que hacen posible la búsqueda: el manto blanco deja la huella del puma marcada como si fuera un sello sobre un papel.

  • La huella es redondeada, con la almohadilla en forma de pentágono y, clave para distinguirla, sin marcas de uñas, porque el puma las retrae al caminar.
  • La pata delantera es más grande que la trasera.
  • El macho adulto pesa entre 55 y 80 kilos y la hembra entre 30 y 60.
  • A diferencia del jaguar o el león, el puma no ruge: ronronea, gruñe y silba.
  • Puede saltar cinco metros en vertical y más de diez en horizontal.
  • Es de hábitos crepusculares y nocturnos, solitario y territorial, y en la Patagonia se alimenta sobre todo de guanacos, choiques y liebres.

Las señales que leen los guías en el terreno

Te das cuenta de que rastrear no es mirar con los ojos, sino con todo el cuerpo. Los baqueanos de la zona trabajan con cuatro pistas principales que funcionan como un lenguaje de la estepa. La primera es el movimiento brusco de los guanacos y los choiques, que se agitan cuando huelen al felino cerca. La segunda, ya lo vimos, son las huellas en la nieve, esas marcas limpias y parejas que delatan la presencia del animal. La tercera es la altura: cuando caranchos o cóndores empiezan a girar sobre un punto, algo murió o algo va a morir. La cuarta son los restos de una presa, casi siempre un guanaco o una liebre, tapados parcialmente con tierra y vegetación.

Cuando aparece alguna de esas señales, el grupo se detiene. No se corre, no se grita, no se invade. Desde una loma, con binoculares en mano, se observa hasta que la estepa decide si te muestra algo o no. Y acá va una aclaración honesta: el avistaje no está garantizado. La experiencia vale por todo lo que se aprende mientras se busca, no solo por la foto final.

Precio de referencia y cómo llegar desde Buenos Aires

Una salida de tres días con guía especializado, pensión completa y logística en la estepa suele moverse en el orden de los 2.500 a 3.500 dólares por persona en grupo reducido, dependiendo del operador y la cantidad de integrantes. Para llegar desde la capital, lo más cómodo es volar a El Calafate o a Comodoro Rivadavia y desde ahí tomar un micro o un remise hasta Perito Moreno, atravesando ese tramo de ruta 40 que ya de por sí es un viaje entero. En auto por la ruta 40 son unos 2.300 kilómetros desde Buenos Aires, con paradas ineludibles en Bariloche, Esquel y el cruce hacia Tecka. Una alternativa menos conocida es entrar por el este, por Puerto Deseado, y bajar luego por la 43, una variante que suma paisaje costero patagónico al viaje.

Más allá del puma: fauna, pueblos y mejor época

Aunque el puma es el protagonista, en el camino aparecen guanacos pastando, zorros colorado y gris cruzando la huella, piches que se zambullen en sus madrigueras, zorrinos a los que conviene mirar de lejos y un cielo que mueve más de 120 especies de aves, entre cóndores, choiques y hasta flamencos en ciertos humedales. A pocos kilómetros de Perito Moreno, Los Antiguos es una parada ideal: pueblo chico, cálido, productor de cerezas y frutillas gracias a un microclama de valle que parece sacado de otro mapa. Más al sur se llega al Parque Provincial Cueva de las Manos, parada obligada para quien tenga una tarde extra y quiera sumarle patrimonio cultural a la aventura.

Te lo digo con la honestidad de alguien que ya pisó esa estepa: la mejor época para ir es entre junio y septiembre, cuando la nieve asegura las huellas y los días cortos obligan a madrugar más, que es justo cuando el puma está activo. Hay que ir preparado para el frío, con ropa térmica, buen calzado y la expectativa calibrada. El puma, si aparece, te va a encontrar en silencio, como corresponde. Y si no aparece, también vas a volver con la estepa entera metida en la cabeza.

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Marina OlivaTurismo y sierras

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