Volar, pero también bajar a tierra: lo que se sabe de Ace Combat 8
La nueva entrega de la saga de Project Aces reparte la acción entre el cielo y la convivencia a bordo del portaaviones Endurance. Repaso de lo que se anunció, qué cambios incluye y por qué el salto narrativo puede pesar tanto como los combates.
La imagen de un hangar que huele a combustible, con técnicos revisando un caza y la cubierta del portaaviones vibrando apenas con el viento del mar, es la postal con la que Ace Combat 8: Wings of Theve quiere empezar a contar su historia. El juego de la desarrolladora Project Aces, responsable de la saga que lleva más de dos décadas en el aire, insiste con una idea que ya había asomado en Ace Combat 7 pero que ahora gana peso propio: no todo pasa dentro de la cabina. Hay misiones, sí, pero también hay bajadas al Endurance, el portaaviones que funciona como base de operaciones y, al mismo tiempo, como refugio improvisado para civiles después de la invasión de Sotoa a la Federación de Usea Central.
En esos tramos fuera de la cabina la propuesta es más modesta de lo que parece: no hay armas, no hay amenazas, casi no hay botones. El jugador camina por comedores, hangares, cubiertas y espacios de reunión, observa lo que lo rodea y dispara alguna interacción sencilla. Lo que importa ahí, según lo que presentó la propia banda de la saga, no es tanto lo que se hace como lo que se ve: relaciones entre personajes, reacciones frente a la guerra, el lado humano de un conflicto que en el aire se mide en maniobras y en el mar se mide en supervivencia.
La preparación antes de cada misión
- Antes de despegar hay que revisar los objetivos y elegir avión, armamento y piezas.
- Los puntos obtenidos al completar misiones sirven para comprar equipamiento y nuevos aviones.
- Las elecciones modifican la capacidad de carga, el daño del armamento y el comportamiento general de la aeronave.
- También se puede configurar el avión de los compañeros o dejar que el juego les asigne una carga adecuada.
En el aire, la fórmula conserva la organización por misiones que la saga viene puliendo desde hace años. Entre las tareas aparecen la defensa del propio portaaviones, ataques contra aeródromos, escolta de una aeronave aliada y destrucción de transportes enemigos, entre otras. A la hora de los controles, el título ofrece un esquema estándar para los que quieran despreocuparse y un modo Experto que abre los tres ejes de rotación del avión y amplía las opciones de maniobra, incluyendo evasión de misiles, armas especiales contra varios blancos y el clásico castigo con la ametralladora a corta distancia.
Una historia que se lee sin la previa
La trama arranca aproximadamente diez años después de los hechos de Ace Combat 7, aunque la compañía aclara que puede seguirse sin necesidad de haber jugado esa entrega. Tras la caída de Theve, la capital de Usea Central, las fuerzas que quedan operan desde el Endurance. El protagonista es un piloto rescatado del mar que, casi sin buscarlo, termina heredando la identidad de un supuesto as de combate caído en combate, una figura convertida en símbolo de resistencia por la propaganda.
A su alrededor, los pilotos del Vuelo Joker aportan lo de siempre: distintas experiencias, distintas lecturas del conflicto y, sobre todo, distintas razones para seguir volando. Esa construcción del héroe —de cómo se fabrica un ícono en medio de una guerra, de qué pesa más entre la épica y la mentira— es, a mi criterio, el hilo más interesante que la saga viene tirando y al que este capítulo parece querer darle más aire que nunca. Si el ritmo de las escenas en el portaaviones acompaña, Ace Combat 8 puede terminar siendo mucho más que su próximo gran combate: puede ser el momento en que la serie se anime a mirar el mapa con la misma seriedad con la que mira el cielo.
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