Valle Salvaje ya lleva cuatro temporadas en Netflix y la pregunta que todos se hacen es si habrá quinta
La ficción española de época que combina matrimonios arreglados, traiciones y un asesinato sin resolver sumó nuevos episodios en la plataforma y se acerca a los 500 capítulos. Todavía no hay confirmación de una entrega siguiente, aunque sus guionistas dejan la puerta abierta.
Volví a caer en esa sala enorme con piso de madera donde los candelabros tiemblan cada vez que alguien levanta la voz, y la verdad es que la serie no me decepciona: Valle Salvaje acaba de estrenar su cuarta temporada en Netflix y ya pasó los 450 capítulos, una cifra que en la televisión de hoy suena casi de otro siglo. Yo la sigo desde que arrancó, en buena medida porque me enganchó esa mezcla entre el costumbrismo del siglo XVIII y el suspenso más bien a la antigua, de esos que se cocinan a fuego lento entre los pasillos de una casa solariega en Asturias.
La historia, para quien no la conozca, arranca con un sacudón: Adriana Salcedo de la Cruz tiene 20 años, vive en Madrid y, tras la muerte de su padre, se entera de que está comprometida con un hombre al que jamás vio. La tuvieron que embarcar hacia Asturias para cumplir un pacto que ella ni siquiera sabía que existía. Y ahí, entre paredes frías, una suegra con cara de pocos amigos y una tía que la mira como si le debiera algo, la chica empieza a tejer sus propios lazos. Mientras tanto, el espectador va armando un rompecabezas: quién mató al padre de Adriana, qué oculta la familia de su marido y por qué todos parecen saber más de lo que dicen.
Un elenco que se luce en los silencios
- Rocío Suárez de Puga como Adriana Salcedo de la Cruz, la protagonista que llegó sin quererlo y se está haciendo cargo de todo.
- Manuela Velasco en el papel de Pilara Gálvez de Aguirre, uno de los personajes más filosos de la casa.
- José Manuel Seda como José Luis Gálvez de Aguirre, el patriarca que sostiene la familia desde las sombras.
- Marco Pernas como Rafael Gálvez de Aguirre, el hijo que pisa más fuerte de lo que aparenta.
- Sabela Arán como doña Victoria Salcedo, la tía de Adriana que sabe más de lo que cuenta.
La serie está dirigida por Miguel Conde y mantiene desde el primer capítulo esa dinámica de entrega diaria, de lunes a viernes, que a mí particularmente me recuerda a las novelas de la tarde que miraba mi abuela mientras planchaba. Los capítulos llegan a Netflix después de pasar por la televisión abierta en España, y por eso la plataforma los recibe ya con un público formado, algo que se nota en la solidez del ritmo y en lo cuidadas que están las actuaciones. Todo parece pensado para que el espectador pueda entrar un día sí y otro también sin perder el hilo.
Lo más interesante, a esta altura, es que sus propios guionistas reconocen que todavía queda tela para cortar. Lo dijeron sin dar nombres ni fechas, pero dejaron la frase flotando, y en el mundillo de las series eso suele ser una manera bastante transparente de tantear al público. Mientras tanto, lo concreto es esta cuarta temporada, con Adriana cada vez más metida en la vida de los Gálvez de Aguirre, más enamorada y también más en peligro. La combinación de matrimonio arreglado, amor que nace sin aviso y un asesinato sin resolver sigue funcionando como en el primer capítulo.
“Todavía queda historia por desarrollar, aunque eso no supone una nueva temporada confirmada.”Guionistas de Valle Salvaje
Como espectadora de larguísima data de este tipo de ficciones, lo que más me sigue atrapando no es tanto el misterio de la muerte del padre de Adriana, que tiene su miga, sino los vínculos que se tejen alrededor. Las escenas donde la tía Victoria la mira por encima del hombro, o donde Rafael dice una cosa y su cuerpo dice otra, son las que me hacen volver al día siguiente. Y esa es, me parece, la mejor señal de que la serie tiene cuerda para rato: que después de 450 capítulos uno siga queriendo saber cómo termina la cena, y no quién resuelve el crimen.
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