Una pareja, dos sueldos y una chacra que se sostiene a fuerza de trabajo asalariado
Silvana Aiello y Jorge Stelrrig dejaron la ciudad, se instalaron en tres hectáreas en Centenario y financian la producción con sus empleos formales. Su hijo de 17 años ya cría animales y proyecta quedarse en el campo.
Natalia Rinaudo, Economía – A la vera de la calle 9, en el límite entre Centenario y Vista Alegre, una pareja sostiene desde hace tres años una chacra de tres hectáreas con el dinero que ambos cobran como secretarios en el sistema educativo. Silvana Aiello y Jorge Stelrrig se conocieron hace diecinueve años en la puerta de un colegio mientras esperaban a sus hijos, descubrieron que ambos provenían de familias dedicadas al trabajo rural y decidieron, con el tiempo, volver al modo de vida en el que habían crecido. Lo hicieron a partir de materiales comprados de a poco con el sobrante de sus sueldos, durante años, hasta que finalmente se mudaron al campo que el padre de ella había dejado como herencia.
Una decisión que tardó décadas en concretarse
La historia familiar tiene raíces que se remontan a casi un siglo. El bisabuelo de Silvana había llegado desde Italia con doce años, alrededor de 1920, y fue el abuelo quien inició la explotación. A esa genealogía se suma el padre de Silvana, Ricardo, fallecido y titular de las tres hectáreas que hoy ocupa la familia. Para llegar al campo, Jorge y Silvana emplearon largos años en juntar bolsas de cemento, hierros y ladrillos, comprando cuando el presupuesto lo permitía, hasta que finalmente pudieron levantar la infraestructura mínima y trasladarse.
Hoy, el establecimiento produce alfalfa, cría gallinas, conejos y dispone de una incubadora artesanal que armó el hijo menor de la pareja, Lucas, de diecisiete años, con sus propias manos. En uno de los costados permanece un tractor que a veces no arranca. En el lugar donde antes se levantaban manzanos y perales, la tierra fue formando por su cuenta un monte de olivillo y un humedal durante los años en los que nadie pudo trabajarla.
Vamos a los números
- Tres hectáreas trabajadas en el límite entre Centenario y Vista Alegre, en la zona norte del Alto Valle.
- Dos ingresos formales en el sistema educativo que financian la producción: Silvana es secretaria desde hace casi veinte años en una escuela técnica y Jorge se desempeña en el área de educación de la zona.
- Una producción diversa que incluye alfalfa, gallinas ponedoras, pollos parrilleros y conejos, además de una incubadora casera.
- 600 pollos parrilleros criados por Lucas durante el año pasado como parte de su propio emprendimiento, en paralelo a sus estudios de técnico mecánico.
“Vamos con los animales, juntamos el dinero para comprar alimento, gallinas ponedoras, pollos, y vamos buscándole la vuelta.”Silvana Aiello
Lo que describe la pareja sintetiza un fenómeno que atraviesa a buena parte de las economías regionales del sur del país. Antes, la chacra sostenía a la familia; ahora, es la familia la que sostiene a la chacra. La diferencia no es solo conceptual sino también operativa: la generación anterior no cumplía horarios estrictos, mientras que Silvana y Jorge trabajan jornadas formales en instituciones educativas y dedican las tardes y los fines de semana a la atención de los animales. Lo hacen, según aclaran, a pulmón los tres, en referencia a la pareja y a Lucas.
Comparado con el mismo mes del año anterior, el emprendimiento familiar muestra un crecimiento en materia productiva y en cuanto a proyección. Lucas, que actualmente cursa el secundario con orientación en mecánica, ya proyecta su futuro: quiere estudiar veterinaria y quedarse en la chacra una vez que termine la escuela. Jorge, por su parte, evalúa la posibilidad de plantar frutales y viñas para producir y vender en el mismo campo, lo que permitiría diversificar los ingresos y reducir la dependencia de los salarios externos.
Un proyecto que se mide en generaciones
La frase que la propia Silvana repite define el espíritu de la iniciativa: construir de a poco lo que quieren dejar a sus hijos. En ese sentido, la inversión de largo plazo no se contabiliza únicamente en animales o en alfalfa, sino también en la formación técnica que Lucas está adquiriendo para sostener la producción en el futuro. La incubadora artesanal es, al mismo tiempo, un ahorro, un emprendimiento y una señal de continuidad.
La fuente de toda la información es la entrevista publicada por el portal de noticias. El indicador a seguir en los próximos meses será la evolución del emprendimiento de Lucas, en particular la cantidad de animales criados y la posible incorporación de frutales y viñas que Jorge planea plantar, factores que permitirán medir si la chacra empieza a generar ingresos propios o si, por el contrario, la dependencia de los sueldos formales se profundiza con el paso del tiempo.
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