Una lastimadura en la boca que no se va: cuándo dejar de hacerse el boludo y consultar al médico
Una llaga que no cierra, manchas blancas que no se explican o dificultad para tragar pueden sonar a pavada, pero si pasan las dos semanas la cosa cambia. Tabaco, alcohol y un virus muy común son los principales sospechados, según la Sociedad Americana del Cáncer, Mayo Clinic y los CDC.
¿A quién no le apareció una afta alguna vez y la mandó al carajo pensando que se iba sola? Trago mate, como un asado y listo. El tema es cuando la lastimadura esa decide quedarse más de lo razonable. Ahí la cosa pasa de molestia a consulta obligatoria, y no por hincha pelotas, sino porque el reloj corre.
La Sociedad Americana del Cáncer, la Clínica Mayo y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, más conocidos como CDC por sus siglas en inglés (o sea, los que se ocupan de que no nos muera la población de gripe, sarampión y todo lo que se nos ocurra), coinciden en algo bastante simple: si la llaga, la mancha o el bulto sigue ahí dos semanas o más, hay que sentarse en el consultorio de un dentista o un médico. Ni modo.
¿Qué cosas hay que mirar con sospecha?
- Úlceras o llagas que no cicatrizan, sobre todo en lengua, encías o mejilla interna.
- Manchas blancas o rojizas sobre los tejidos, que aparecen sin que uno se haya mordido la cara.
- Bultos o zonas engrosadas en labios, lengua o mandíbula que antes no estaban.
- Entumecimiento, dolor persistente o sangrado sin causa evidente.
- Dificultad para masticar, tragar o abrir la boca como antes.
- Dolor de oído que no se explica por otra cosa.
Ninguno de estos signos es una sentencia, ojo. Son señales de que algo no está cerrando como debería y conviene que un profesional lo revise. Mayo Clinic explica que el primer paso es un examen físico donde el dentista o médico palpa y observa la zona. Si hay algo sospechoso, se saca una muestrita de tejido, lo que en la jerga se llama biopsia, y se manda a analizar. Si da positivo, ahí entran la tomografía o la resonancia para ver si la cosa se quedó en la boca o se mandó a otra parte.
¿Por qué a mí, che?
El tabaco en cualquiera de sus formas y el alcohol son los dos factores de riesgo más documentados. Pero acá viene el dato que duele: el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, que es el NCI para los amigos, estima que el que fuma y toma en cantidad tiene entre cinco y catorce veces más chances de desarrollar cáncer oral que el que no hace ninguna de las dos cosas. Cinco a catorce veces. No es un porcentaje de mierda, es una montaña.
Después está el virus del papiloma humano, el VPH, ese mismo del que se habla para el cáncer de cuello de útero. La variante 16, que es la más mencionada en los estudios, multiplica por quince el riesgo de cáncer en la orofaringe, la zona que incluye la base de la lengua y las amígdalas. Los CDC recomiendan consultar por la vacuna contra el VPH, que existe y está disponible en el calendario argentino. No es solo cosa de adolescentes: hablarlo con el médico a cualquier edad no cuesta nada.
Moraleja: si tenés algo en la boca que lleva más de quince días jodiendo, dejá el mate un rato y sacá turno. No es joda, no es exageración, es la diferencia entre agarrarlo a tiempo y arrepentirse después. Veremos, che.
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