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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Una decisión a dos voces: cómo Pamela y Mariana se animaron a repartir la maternidad con el método ROPA

La técnica de recepción de óvulos de la pareja les permitió a estas dos mujeres ser protagonistas del mismo embarazo desde lugares distintos. El especialista Agustín Pasqualini explica los criterios médicos y humanos que se ponen en juego a la hora de elegir quién aporta los óvulos y quién gesta.

LV
Liliana VillagraBarrios y ciudad · · lectura 5 min
Una decisión a dos voces: cómo Pamela y Mariana se animaron a repartir la maternidad con el método ROPA

Son las cuatro de la tarde en un departamento del barrio de Belgrano y, mientras Juana termina de armar un rompecabezas sobre la mesa del living, Mariana Blanco sirve un mate y Pamela Visciarelli se acomoda en el sillón con Eva en brazos. La escena parece una más de cualquier familia con dos hijas chicas, pero tiene una particularidad que la vuelve única: para que esas dos nenas llegaran, hizo falta un método de reproducción asistida que todavía genera preguntas, incluso dentro del propio círculo íntimo. Se trata del llamado método ROPA, una variante de la fecundación in vitro que permite que las dos integrantes de una pareja de mujeres participen corporalmente del proceso: una aporta los óvulos y la otra lleva adelante el embarazo.

Qué significa ROPA y cómo se hace, paso a paso

La sigla ROPA quiere decir Recepción de Ovocitos de la Pareja y, como me explicó el especialista en medicina reproductiva Agustín Pasqualini, el procedimiento es muy concreto: primero se estimulan los ovarios de una de las mujeres para obtener varios óvulos; después, en el laboratorio, esos óvulos se fecundan con semen de un donante anónimo; por último, el embrión resultante se transfiere al útero de la otra mujer, que previamente recibe una preparación endometrial para aumentar las chances de implantación. Lo que distingue a esta técnica de otros tratamientos es, justamente, que las dos se sientan parte del mismo proyecto desde lugares distintos pero complementarios.

Ahora bien, cuando una pareja llega al consultorio con esta idea, casi siempre aparece la misma duda: quién pone los óvulos y quién gesta. Pasqualini fue claro al respecto: no hay una regla fija y la decisión se construye entre las dos, con el acompañamiento médico. Para definir el aporte ovocitario se miran sobre todo la edad y la reserva ovárica; para la gestación se evalúan el estado de salud general, la historia ginecológica y obstétrica y las condiciones del útero. Si las dos están en condiciones de ocupar cualquiera de los dos roles, también entra en juego algo menos tangible y profundamente humano: cómo quiere vivir cada una su maternidad.

“Para definir quién aporta los óvulos y quién lleva adelante el embarazo se consideran la edad, la reserva ovárica, la salud general y el deseo de cada una. No es una decisión automática, se charla mucho en el consultorio.”Agustín Pasqualini, especialista en medicina reproductiva

En el caso de Pamela y Mariana, esa conversación empezó bastante antes de conocer el método. Llevaban varios tratamientos fallidos cuando la médica que las atendía, Liliana Blanco, les propuso probar con ROPA: la idea era que Pamela aportara los óvulos y Mariana gestara. Hasta ese momento, Mariana había hecho todos los intentos con óvulos propios, sin éxito. El cambio de estrategia, según relataron, les abrió una puerta que hasta entonces parecía cerrada.

  • La elección de quién aporta los óvulos se basa en la edad y la reserva ovárica de cada mujer.
  • Para la gestación se revisan la salud general, la historia ginecológica y las condiciones uterinas.
  • Si ambas pueden asumir cualquier rol, también pesa cómo quieren vivir la maternidad.
  • El método ROPA se realiza por fecundación in vitro con semen de un donante.
  • La mujer que gesta recibe una preparación endometrial previa a la transferencia embrionaria.

Cuando les pregunté por qué habían aceptado esa distribución de roles, Pamela me miró a los ojos y dijo, sin dudar: por la diferencia de edad, queríamos que Mariana tuviera primero la experiencia de llevar un embarazo. Así fue como, después de varios años de búsqueda, nació Juana. Dos años más tarde, dieron vuelta las piezas del juego y Pamela fue la que gestó a Eva. Las dos me contaron, casi como al pasar, que ambos embarazos se lograron en la primera transferencia de cada tratamiento, algo que en reproducción asistida no es lo más habitual y que ellas prefieren no interpretar como una regla, sino como una enorme suerte.

Sin embargo, el método ROPA no resuelve solo una cuestión biológica: también pone en palabras algo que, en la práctica, todavía choca con los prejuicios sociales. Pamela recordó que, durante el embarazo de Mariana, mucha gente no entendía qué lugar ocupaba ella en la familia. Vecinos del barrio, conocidos del trabajo e incluso familiares le preguntaban si era amiga, si era tía, si era madrina. Explicar que también era la mamá se volvió, según sus propias palabras, parte de la vida cotidiana. Para ella, la llegada de Juana tuvo un plus que la conmueve hasta hoy: fue el momento en que pudo reconocer su propia maternidad sin haber atravesado un embarazo, pero sintiéndose protagonista absoluta del proceso.

Un mapa de motivos médicos y personales

Pasqualini mencionó que, en su práctica, las parejas que llegan a ROPA lo hacen por dos grandes motivos. Hay quienes eligen este camino porque quieren que las dos estén presentes en el proceso reproductivo, cada una con un rol concreto y visible. Y hay otras en las que la distribución de roles responde, además, a una necesidad médica: por ejemplo, cuando una de las dos tiene comprometida la reserva ovárica o cuando llevar adelante un embarazo podría implicar un riesgo. En cualquiera de los dos escenarios, lo que se busca es que la decisión sea compartida, informada y respetada, y no el resultado de una indicación automática.

Antes de despedirme, miré otra vez la escena del principio: Juana ya había terminado el rompecabezas y reclamaba que le mostrara cómo funciona el teléfono celular de su mamá. Eva se dormía sobre el hombro de Pamela, mientras Mariana cebaba otro mate y me decía, con esa mezcla de cansancio y felicidad que solo conocen los padres de criaturas chiquitas: cuando empezamos a buscar, jamás imaginamos que íbamos a terminar contando la historia de esta manera. Hoy la cuentan y, al mismo tiempo, la siguen construyendo, entre preguntas de curiosos, mateadas en el living y dos nenas que todavía no terminan de entender por qué su familia suele llamar la atención en la esquina de siempre.

LV
Liliana VillagraBarrios y ciudad

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