Un cameo que pasa de largo: Damon y Letterman cruzan una calle en el estreno de la cuarta temporada de "La edad dorada"
Con sombreros de época y bastón, los dos actores aparecen unos segundos de fondo en el primer capítulo, sin una sola línea de diálogo.
Hay escenas que uno mira con la atención puesta en los protagonistas y el resto se le va de las manos. Eso es justamente lo que pasa en el arranque de la cuarta temporada de "La edad dorada", donde dos caballeros cruzan una calle del Nueva York de 1880 y, si no sabés que ahí están Matt Damon y David Letterman, es muy fácil seguir de largo.
Según el material de base, la aparición dura apenas unos segundos, ocurre en el minuto 8:33 del primer episodio y los actores no tienen diálogos ni interactúan con el elenco. Están de fondo, caracterizados con sombreros de época, bastones y bigotes, en la calle que separa las residencias de los Van Rhijn y los Russell.
Cómo surgió la idea
La productora Kate Churchill contó que la propuesta salió en medio del rodaje, cuando la supervisora de producción Leah Baker le preguntó si le gustaría tener a David Letterman y Matt Damon de fondo algún día. La reacción fue directa: "Me empecé a reír", recordó Churchill.
“Me empecé a reír.”Kate Churchill, productora de la serie
La conexión con los actores llegó a través de "My Next Guest Needs No Introduction", programa en el que ambos habían participado. Según el material, también hubo vínculos con los productores de HBO por medio de Isabel Richardson y Adam Donnelly.
Un plano pensado para no distraer
- Duración: apenas unos segundos, en el minuto 8:33.
- Ubicación: la calle entre las casas de los Van Rhijn y los Russell.
- Rol: figurantes integrados en la escenografía del Nueva York de 1880.
- Diálogos: ninguno, y sin interacción con el resto del elenco.
La serie, creada por Julian Fellowes, sigue las tensiones entre la vieja aristocracia y los nuevos ricos en el Manhattan de finales del siglo XIX. Esta cuarta entrega continúa con ese universo y con el mismo nivel de producción de las anteriores. A mí me gusta que el detalle esté ahí para quien lo busca y no le robe protagonismo a nadie: un guiño chiquito que premia al espectador atento.
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