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VIE, 16 OCT 2026
Entretenimiento

The Gentlemen, temporada dos: Eddie Horniman deja de ser un aristócrata con suerte para convertirse en un patrón con peso

Theo James vuelve a ponerse el traje del Duque de Halstead en una entrega más oscura, más europea y más ambiciosa, donde Guy Ritchie corre el foco del humor gamberro hacia el costo íntimo de acumular poder

CM
Carla MontenegroCultura y espectáculos · · lectura 4 min
The Gentlemen, temporada dos: Eddie Horniman deja de ser un aristócrata con suerte para convertirse en un patrón con peso

Vuelvo a sentarme frente a la pantalla y lo primero que aparece es un campo embarrado, un cuerpo que se arrastra y un título que ya conozco: The Gentlemen. La imagen es la misma con la que arranca esta segunda temporada, pero el hombre que está tirado en el barro muy poco tiene que ver con el aristócrata de modales perfectos que casi por accidente desembarcó en el negocio del cannabis allá por 2024. La serie retrocede tres meses en el calendario para mostrar, paso a paso, cómo se llega hasta ahí, y ese flashback es la mejor decisión narrativa de los nuevos capítulos.

Cuando Theo James se calzó por primera vez el personaje de Eddie Horniman, el duque de Halstead que hereda una mansión y, sin buscarlo, se topa con un imperio verde bajo sus tierras, la serie funcionaba como un cuento de hadas al revés: un tipo educado en los mejores colegios que aprende a mover paquetes casi sin despeinarse. En esta segunda entrega, ese contrato se rompe. Eddie ya no improvisa: quiere recuperar los campos alrededor de la finca, quiere cruzar la frontera del Reino Unido, quiere que el negocio crezca. Y, sobre todo, quiere dejar de pedir permiso.

Bobby Glass, Susie y el peso de la familia

El motor dramático pasa por la relación con Bobby Glass, el patriarca del clan, más preocupado por su despertar espiritual que por actualizar una estructura criminal pensada para otra época. Eddie y Susie empujan para expandirse, Bobby frena. Esa pulseada, que atraviesa varios capítulos, sirve para que el protagonista empiece a entender una ley del género que suele ser cruel: los buenos modales, en este mundo, se leen como debilidad, y quien acumula poder tarde o temprano tiene que dejar de tolerar que otros decidan por él.

Susie Glass, que en la primera temporada ya había demostrado que sabe manejarse mejor que muchos de los que mandan, queda en esta segunda entrega en un lugar incómodo: es socia, es interés amoroso y, al mismo tiempo, es la que mejor lee los riesgos del salto que Eddie quiere dar. Esa tensión le da a la serie uno de sus mejores resortes, porque obliga a ambos a decidir si el negocio o el vínculo pesan más.

  • La serie incorpora al mafioso italiano Marco Moretti, interpretado por Sergio Castellitto, y a su colaboradora Cico Maldini, a cargo de Michele Morrone, que aportan una cuota de imprevisibilidad y abren el mapa criminal más allá de las islas británicas.
  • El humor negro y la violencia estilizada, firma de la casa Ritchie, siguen presentes, pero esta vez quedan al servicio de una pregunta más incómoda sobre qué le pasa a una persona cuando deja de ser turista del poder para convertirse en su.
  • La transformación del protagonista recuerda la de esos personajes clásicos del cine de gángsters que, cuanto más control ganan, más difícil se vuelve la salida.

Es inevitable, mientras se miran estos capítulos, pensar en otros Ritchie. Uno tiende a volver a aquel Lock, Stock and Two Smoking Barrels de 1998, a esa primera camada de historias donde los matones parecían divertirse tanto como el director. Pero también, y por qué no, a la versión más reciente del propio Ritchie en films como The Covenant o The Ministry of Ungentlemanly Warfare, donde ya se notaba un interés por el costo humano de las decisiones tomadas en nombre de la corona o de la bandera. The Gentlemen temporada dos se inscribe, sin ruido, en ese segundo Ritchie: el que ya no se conforma con el chiste.

Y acá me permito la opinión de siempre, esa que me reservo para el final de la nota: a mí, esta segunda temporada me gustó más que la primera. No porque la primera estuviera mal, que era un hallazgo, sino porque acá los personajes se hacen cargo de las consecuencias de lo que hicieron. Eddie ya no es un tipo con suerte disfrazado de duque: es alguien que está eligiendo, con los ojos abiertos, el tipo de persona en la que se va a convertir. Y cuando uno mira la pantalla y ve ese campo embarrado del inicio, ya no puede decir que no sabía cómo se llegaba hasta ahí. Esa es, para mí, la diferencia entre una serie que solo se disfruta y una que, además, te deja pensando varios días después.

CM
Carla MontenegroCultura y espectáculos

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