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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Teresita Peláez, la jubilada que trocó los yuyos del Limay por una plantación artesanal de almendras

Una profesora de Biología retirada cosechó en Plottier un proyecto que arrancó en 2013 al reparar un alambrado. Hoy vende almendras naturales, tostadas, saladas, garrapiñadas y harina, y atraviesa la pospandemia con un emprendimiento que le ayudó a sobrellevar un cáncer.

JL
Javier LudueñaPolítica provincial y municipal · · lectura 3 min
Teresita Peláez, la jubilada que trocó los yuyos del Limay por una plantación artesanal de almendras

Hay decisiones que nacen de un agujero en un alambrado. La de Teresita Peláez fue de esas. A sus 62 años, esta profesora de Biología jubilada convirtió una hectárea cubierta de malezas a orillas del río Limay, en el barrio Piscicultura de Plottier, en Almendras del Limay, un emprendimiento pequeño, artesanal y a fuerza de poda manual.

La historia empezó hace casi dos décadas, cuando compró el terreno. Primero construyó la casa. Después vino la duda: qué hacer con el resto. La respuesta apareció por accidente, cuando un agujero en el alambrado obligó a intervenir ese sector. Dejar la tierra sin trabajar era garantía de que los yuyos volverían; regar solo césped le parecía un desperdicio. Entonces recordó un almendro que había plantado años antes en otro rincón y se preguntó por qué no sumar más.

Del aula al cuadro de plantación

Teresita buscó asesoramiento en el Centro PyME de la zona. Allí la ingeniero Silvana Moschini la orientó y, según recuerda la propia protagonista, terminó de sellar el vínculo con la actividad. "Es una enamorada de los almendros, hizo que me enamorara", resume. En 2013 plantó los primeros árboles justo en el lugar donde había estado roto el alambrado. Dos años después completó un segundo cuadro de plantación.

Por entonces seguía dando clases y el proyecto era, en sus palabras, "un hobby que a veces me ha resultado un poco caro". Una ventaja práctica acompañó el arranque: las almendras no exigen venta inmediata tras la cosecha, lo que le permitió dosificar los tiempos sin que el emprendimiento se transformara en una carga extra.

Una producción chica, paso a paso

  • Almendras naturales, tostadas y saladas.
  • Garrapiñadas y harina de almendras, elaboradas en el mismo predio.
  • Poda, fertilización, cosecha y empaquetado a cargo de Teresita y de José Luis, un chacarero jubilado que se sumó al proyecto de manera permanente.
  • Una línea apícola y de plantas aromáticas que se abrió a partir de los almendros, más una huerta y un invernadero construido durante la pandemia.

Teresita describe el trabajo como "muy artesanal". Cada etapa queda en sus manos o en las de José Luis, con quien conforma una dotación estable desde que el hombre dejó la actividad en otras chacras.

La pandemia, el cáncer y el invernadero como sostén

El invernadero propio se construyó durante los meses de aislamiento. En ese mismo período, Teresita fue diagnosticada con cáncer y atravesó el tratamiento médico. Encontró en las tareas cotidianas del predio una manera de sostenerse. El vínculo con la tierra dejó de ser un pasatiempo y se volvió, en la práctica, una herramienta más del tratamiento. La producción nunca se detuvo.

Almendras del Limay funciona hoy como un pequeño polo diversificado sobre una sola hectárea. La escala es familiar, los volúmenes son acotados y la venta se canaliza de forma directa. La historia exhibe, además, un dato que suele olvidarse en los papeles: muchas decisiones productivas en la Patagonia empiezan, como en este caso, con un alambrado roto y la decisión de no dejar que el yuyo vuelva a ganar.

JL
Javier LudueñaPolítica provincial y municipal

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