Street Fighter dijo "Hadouken" en la pantalla grande y la taquilla le respondió con 51 millones de dólares
La adaptación de la saga de Capcom arrancó primera en la recaudación mundial, pero quedó en el centro de la pulseada entre el entusiasmo gamer y las críticas de la prensa especializada, que no le regalaron nada.
Imaginate la fila del cine un viernes a la noche: pochoclo, refresco, veinteañeros con la remera del Ryu y alguno que otro gritando "¡Shoryuken!" mientras acomoda la butaca. Esa postal se repitió en muchísimas salas del mundo el último fin de semana, porque la nueva película de Street Fighter salió a pelear al ring de la taquilla global y se llevó la victoria en la primera ronda, con una recaudación estimada de 51,1 millones de dólares entre Estados Unidos y el resto del mundo. La cifra la dejó en lo más alto del ranking, por encima de todos los demás estrenos del fin de semana.
Detrás de la cámara se puso Kitao Sakurai, y el reparto es de los que llaman la atención: Andrew Koji como Ryu, Noah Centineo como Ken, Callina Liang como Chun-Li, David Dastmalchian como M. Bison y Jason Momoa, sí, el mismísimo Khal Drogo de Game of Thrones, metiéndose en la piel de Blanka. La movida es de Paramount y Legendary junto a Capcom, dueña de la franquicia de videojuegos que desde hace décadas alimenta máquinas de arcade, consolas y sueños de preadolescentes con combo especiales.
Dos puntos de vista sobre la misma pelea
Ahora bien, lo que para muchos fue una fiesta nostálgica, para otros fue un round perdido. La película dividió aguas de manera bastante marcada: el público fanático de las adaptaciones de videojuegos salió conforme de las salas, resaltando las coreografías de combate, los efectos visuales y el ritmo de la película, que no da respiro. En cambio, la crítica especializada la destrozó con suavidad: las reseñas promedian alrededor del 43 por ciento de aprobación, con quejas que van desde el guion hasta el desarrollo de los personajes. De esos mundos paralelos está hecha la conversación de estos días.
Para entender qué significa ese debut en términos de negocio hay que mirar la calculadora: el presupuesto de producción declarado es de 82 millones de dólares, sin contar lo que se gastó en promoción y distribución. A partir de ese número, las próximas semanas serán las que digan si la película termina siendo rentable o si queda en la categoría de esfuerzo financiero valiente pero con números flojos. El espejo más cercano lo pone la saga Mortal Kombat: el Street Fighter supera lo que aquella película recaudó en su debut estadounidense en 2021, aunque todavía está abajo de los 63 millones que alcanzó su secuela en la apertura global.
Lo que viene, además de los tickets del lunes y el martes, es una pregunta que va a resonar en la industria: el resultado acumulado de esta entrega será el que termine de definir si Paramount, Legendary y Capcom se animan a producir secuelas o a expandir el universo de los juegos de pelea en la pantalla grande. Porque hoy por hoy, adaptar un videojuego sigue siendo una apuesta arriesgada: podés ganar el combate del primer fin de semana y quedar en jaque en los rounds siguientes.
“Yo lo veo así: el cine todavía no terminó de encontrar la fórmula exacta para adaptar los juegos de peleas, y esta Street Fighter, con su arranque arrollador y su paliza crítica, es la prueba viviente de que la pulseada entre gamers y periodistas especializados sigue más abierta que nunca. Mientras tanto, millones de fans ya están eligiendo a su luchador favorito para la próxima salida al cine, que es, al final del día, lo que mueve la verdadera maquinaria de Hollywood.”Carla Montenegro
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