Nieve polvo, un metro de caída y una lección que el Cerro Bayo te deja gratis
Mirko Luqe, referente del snowscoot y el snowbike, se fue de bruces en un descenso fuera de pista en Villa La Angostura. Salió caminando. La discusión de fondo es otra: qué hace el grupo cuando uno cae y nadie responde.
Lo primero que vi fue el gesto: Luqe sacudiéndose la nieve del pelo después de clavarse contra una ladera que parecía tranquila y no lo era. El Cerro Bayo, esa mole blanca que asoma arriba de Villa La Angostura, suele tentar a cualquiera con sus caras vírgenes. Y ahí estaba él, especialista en snowscoot y snowbike, probando que ni los referentes se salvan de una mala pasada.
Para el que no conoce estas disciplinas, vale la aclaración rápida: el snowscoot y el snowbike son, básicamente, una bicicleta de BMX cruzada con un snowboard. Delantera con esquí chico, trasera con tabla. Se manejan con el cuerpo, como una tabla, pero con la geometría y los movimientos de una bici. Exigen nivel alto y, sobre todo, lectura de terreno. Por eso la caída duele doble cuando le pasa a alguien que sabe.
La caída y lo que pasó después
Luqe perdió el control en plena nieve polvo, esa harina seca que parece inofensiva y que te traga en un segundo. Cayó varios metros por la pendiente antes de quedarse quieto. Milagro mediante, salió entero: ni un hueso roto, ni un esguince. Pero el episodio dejó al desnudo la pregunta más incómoda del fuera de pista: ¿qué hace el grupo cuando uno cae?
Acá aparece el protocolo que los guías de alta montaña y los instructores machacan hasta el hartazgo. Primero, el grupo se frena. Segundo, se establece contacto visual o verbal con el accidentado. Tercero, si no hay respuesta, uno se acerca a evaluar el estado del caído. En nieve profunda, una persona puede quedar enterrada y asfixiarse en minutos. No es exageración: es física y es tiempo.
Lo que hay que llevar antes de meterse fuera de pista
- Salir siempre en grupo de al menos tres personas: si uno cae, quedan dos para asistir y pedir ayuda.
- Llevar detector de víctimas de avalancha (DVA), pala y sonda, aunque la nieve parezca estable.
- Informar a alguien de confianza el recorrido previsto y el horario estimado de regreso.
- Nunca bajar solo por una cara virgen, ni siquiera si la conocés de temporadas anteriores.
- Revisar el estado del compañero caído antes de seguir al próximo descenso, siempre.
El Cerro Bayo tiene pistas balizadas y patrulladas, pero también ofrece un abanico de sectores fuera de control al que bajan riders y esquiadores con experiencia. La tentación es obvia: nieve sin pisar, sin colas, sin gente. El precio, cuando algo sale mal, es pagarlo en silencio y en frío.
A mí, cada vez que me cuentan una caída así, me vuelve a la cabeza una tarde en el Cerro Catedral cuando éramos unos pibes y un compañero se metió en un canal fuera de pista sin decirnos nada. Lo encontramos a los cuarenta minutos, hecho un bollito, riéndose. La suerte no es método. Y en la montaña, el método es lo que te lleva a casa.
El próximo desafío de Luqe, según lo que se mueve en el ambiente, sería una fecha de exhibición y clínicas de snowscoot en la zona cordillerana durante el resto del invierno. Para el resto, la recomendación sigue siendo la misma: grupo mínimo de tres, equipo de seguridad completo y, sobre todo, la regla de oro del fuera de pista: nadie sigue bajando hasta confirmar que el que cayó está bien.
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