Médicos británicos reimplantan tejido testicular criopreservado y reavivan la ilusión de ser padre
Un paciente de 19 años, estéril desde los 16 por una quimioterapia, recibió en agosto de 2026 el primer trasplante de este tipo en el Reino Unido. El resultado se evaluará dentro de ocho meses y abre una puerta inédita para hombres jóvenes que sobreviven al cáncer.
Lo imagino con la mirada quieta, de esas que se posan en un punto fijo del techo de la habitación de hospital, como cuando en el Gigante de Alta Córdoba un jugador se queda clavado en el área después de un gol ajeno. Tiene 19 años, acaba de salir del quirófano y, según cuentan los médicos que lo operaron, lleva desde los 16 aceptando en silencio que quizá no podría ser padre. Le acaban de reimplantar un pedazo de su propio tejido testicular, guardado durante tres años en un congelador, y esa es hoy su mejor apuesta para recuperar la fertilidad que la quimioterapia le arrancó.
El procedimiento, experimental y primero de este tipo en el Reino Unido, se hizo en Edimburgo en agosto de 2026, a manos de un equipo del NHS Lothian y de la Universidad de Edimburgo. Lo que se buscó fue devolver al cuerpo del joven las células madre espermatogoniales, esas precursoras que, a partir de la pubertad, son las encargadas que fabrican espermatozoides. La idea es simple en el papel y delicada en la práctica: se criopreserva tejido testicular antes del tratamiento oncológico, se espera a que el paciente se recupere y, si quedó estéril, se reimplanta el material con la expectativa de que las células se reactiven y vuelvan a producir esperma.
Un intento previo en Bélgica encendió la mecha
El antecedente más cercano llega desde Bélgica, donde un hombre de 27 años al que le habían congelado tejido testicular a los 10 consiguió, tras 16 años de criopreservación, que aparecieran espermatozoides maduros luego del reimplante. Todavía no se informó de una fecundación ni de un nacimiento con ese material, pero la señal fue suficiente como para que el grupo de Edimburgo, encabezado por el profesor Rod Mitchell, se animara a dar el suyo.
“Siempre quise tener hijos propios, pero empecé a aceptar que quizá no sería posible. Este procedimiento me dio una esperanza real para el futuro.”El paciente, cuya identidad se mantiene en reserva
El joven, del que sólo sabemos que atravesó un trastorno sanguíneo grave, había guardado una muestra de tejido en 2023, antes de recibir un trasplante de médula ósea que exigía quimioterapia de altas dosis. Tres años después, los análisis confirmaron lo que se temía: cero espermatozoides. Ahí el equipo de Mitchell decidió reimplantar parte del material criopreservado, con la prudencia lógica de quien sabe que está tocando una puerta que nadie en el Reino Unido había tocado antes.
Qué se viene ahora y por qué importa
- Dentro de ocho meses, los médicos extraerán y analizarán una porción del tejido reimplantado para verificar si se reanudó la espermatogénesis.
- Si aparecen espermatozoides, deberán confirmar que son aptos para ser utilizados en técnicas de reproducción asistida.
- Como el paciente tuvo cáncer, el protocolo exige descartar que el tejido reimplantado contenga células malignas, mediante histología, inmunohistoquímica y marcadores moleculares.
- En Argentina, la Ley 26.862 ya incorporó al Programa Médico Obligatorio los procedimientos de reproducción asistida y la preservación de gametos o tejidos reproductivos, un marco que suele citarse cuando se habla de estos avances.
Mitchell, que es profesor de endocrinología del desarrollo, se mostró cauto: la técnica todavía debe probar que permite obtener espermatozoides y, sobre todo, que esos espermatozoides sirvan para lograr nacimientos de manera segura y repetible. No es un gol hecho, es un tiro de esquina que todavía nadie cabeceó. Pero a mí, que vi en el Monumental de Alta Córdoba a un equipo que daba por muerto y terminó festejando en el descuento, este tipo de historias me enseñan que en medicina, como en fútbol, subestimar a un paciente joven suele ser un error.
El próximo capítulo de esta historia se juega en abril de 2027, cuando el equipo de Edimburgo vuelva a abrir el expediente y mire al microscopio. Si las células despiertan, este joven británico de 19 años habrá ganado un partido que nadie le había prometido ganar. Y si no despiertan, al menos quedará el camino marcado para el que venga después.
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