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VIE, 16 OCT 2026
Tecnología

Mapean el cerebro de una mosca, lo enchufan a Doom y hasta lo dejan operar criptos

La reconstrucción digital del sistema nervioso de la Drosophila melanogaster, con 166 mil neuronas y 125 millones de conexiones, se usó para clasificar mails, jugar al Doom y tomar decisiones financieras simuladas. Resultados curiosos, velocidades de tortuga y un futuro todavía muy verde.

AT
Agustín TisseraTecnología · · lectura 4 min
Mapean el cerebro de una mosca, lo enchufan a Doom y hasta lo dejan operar criptos

¿Tiene sentido meter el cerebro de una mosca dentro de una computadora y pedirle que ordene tu casilla de mail? Parece un disparate, y sin embargo un grupo de investigadores lo hizo. Tomaron MaleCNS v1.0, una reconstrucción digital del sistema nervioso central de la Drosophila melanogaster, más conocida como mosca de la fruta, y la pusieron a trabajar en tareas que poco tienen que ver con revolotear alrededor de una banana.

El modelo, desarrollado por gente de Google Research, el HHMI Janelia Research Campus, Harvard y Princeton, contiene más de 166 mil neuronas, unos 125 millones de conexiones y alrededor de 11.700 tipos celulares distintos. No es solo el cerebro: también incluye el cordón nervioso ventral, que vendría a ser el equivalente al cableado que lleva las señales desde la cabeza hasta los músculos. Esto permite estudiar el circuito completo que va de lo que la mosca ve hasta lo que la mosca hace.

¿Cómo se traduce el cerebro de un bicho al teclado de una PC?

Para que el sistema nervioso virtual se entienda con el mundo real, hace falta agregar una capa extra: un simulador que haga de puente entre el conectoma, es decir, el mapa de conexiones neuronales, y el software con el que se quiere experimentar. Sin ese adaptador, el bicho digital se queda mirando el vacío, igual que uno tratando de armar un mueble de IKEA sin el manual.

En la prueba más terrenal, la de clasificar correos electrónicos, la simulación alcanzó aproximadamente el 80 por ciento de la precisión de una pequeña red neuronal artificial convencional. Ojo con el dato: no es que acierte el 80 por ciento de los mails, sino que rinde un 80 por ciento en relación con un modelo mucho más chico y barato. Es como comparar la eficiencia de un colectivo de la línea 600 con la de una Ferrari en un embotellamiento de la General Paz: te sorprende que no haya tanta diferencia.

¿Qué tiene que ver una mosca con el Doom?

El ingeniero Alex Wormuth conectó el modelo al clásico videojuego Doom. Los píxeles de la pantalla se transforman en estímulos para las neuronas sensoriales simuladas, la información de brillo y color viaja por la red y termina saliendo como órdenes de movimiento. Para que el personaje aprenda a no morirse tan seguido, se activan células dopaminérgicas, las mismas que en un cerebro de verdad se ocupan de la recompensa, cada vez que el marine recibe daño sin quedar fuera de juego.

El mismo Wormuth llevó esa lógica de premio y castigo a Stonkfly, un proyecto donde gráficos financieros deciden operaciones con criptomonedas dentro de una cartera virtual. Las ganancias estimulan una señal asociada a 15 células; las pérdidas, otras dos vinculadas con respuestas aversivas. La experiencia es experimental y no aporta pruebas de que el sistema sirva para ganar plata: más bien parece un simulador hecho por y para curiosos del cerebro, no para inversores de Barrio Norte.

  • Clasificación de correos: el modelo rindió cerca del 80 por ciento frente a una red neuronal artificial de tamaño pequeño.
  • Videojuegos: se conectó con Doom, Super Mario 64 y Beat Saber, entre otros títulos.
  • Finanzas simuladas: Stonkfly usa el conectoma para decidir operaciones con criptomonedas según una lógica de recompensa y castigo.
  • Creatividad: otros desarrollos exploraron resolución de salas de escape y diseño de tipografías.

¿Sirve para algo o es un juguete caro?

Las pruebas son llamativas, pero los propios autores aclaran que las simulaciones pueden ser más lentas y menos precisas que las redes neuronales artificiales diseñadas a medida para cada tarea. Estamos frente a una herramienta de investigación, no a un competidor de ChatGPT. La reconstrucción se obtuvo a partir de millones de imágenes de secciones ultrafinas del sistema nervioso, fotografiadas con microscopía electrónica, un trabajo de paciencia monástica que hoy empieza a dar sus primeros frutos en formato software.

¿Quiere decir esto que mañana tu heladera va a venir con cerebro de mosca? No. Lo que sí demuestra es que un mapa detallado del cableado neuronal, aunque sea de un insecto, permite explorar cómo se procesa la información desde los sentidos hasta la acción. Es ciencia básica con olor a ciencia ficción, de la que no cambia tu vida mañana pero te deja pensando el resto de la semana. Veremos, che.

AT
Agustín TisseraTecnología

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