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SÁB, 17 OCT 2026
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Leticia Brédice se sube a su propio teatro con "Milagro", la obra donde manda ella en todo

La actriz debuta como autora y directora en el Teatro Santa María, acompañada por su sobrina Ananda Li Brédice. En paralelo, se luce como Susana Giménez en la serie de Netflix sobre Moria Casán y canta en "Es mi sueño".

CM
Carla MontenegroCultura y espectáculos · · lectura 3 min
Leticia Brédice se sube a su propio teatro con "Milagro", la obra donde manda ella en todo

El Teatro Santa María abrió el viernes 4 de septiembre con una propuesta que tiene nombre y apellido: "Milagro", la primera pieza que Leticia Brédice firma como autora, directora y protagonista al mismo tiempo. La sala se llena con una idea tan simple como poderosa: una mujer llamada María de los Milagros Figueroa Alcorta paga por alquilar un teatro entero, se planta sola en el escenario y se anima, por fin, a decir en voz alta todo lo que durante años se guardó dentro del pecho. La producción lleva la firma de Darío Arellano, y el resultado es un espectáculo que funciona como un espejo íntimo y, al mismo tiempo, como una celebración de los milagros chiquitos que a veces ni vemos.

Lo que termina de darle personalidad al asunto es que Leticia no está sola en las tablas. Acompañándola aparece Ananda Li Brédice, su sobrina, que despliega una galería de personajes que funcionan como reflejo y contrapunto de la protagonista. Las dos se formaron desde chicas en la escuela del director Norman Briski, así que hablar de complicidad acá es quedarse corto. "Estar con mi sobrina es un sueño y un aprendizaje", dijo la actriz, y agregó, con ese tono de orgullo familiar que a veces sale sin pedir permiso: "En nuestra familia somos de un linaje de mujeres artistas". Ananda, además, se desempeñó como asistente de dirección antes de este proyecto, con lo que aporta una base técnica que Leticia valora especialmente cuando cuenta cómo se fue cocinando el espectáculo.

Un proceso largo, de performance a obra

La actriz describió el camino creativo como una evolución que llevó años. El punto de partida fue un experimento más crudo, casi una performance, que fue ganando cuerpo hasta transformarse en la obra que hoy se ve en la sala. "Logramos solidificar una parte de la obra que realmente queríamos contar", resumió Brédice sobre ese proceso, que se nota en escena: hay texturas, hay silencios calculados, hay momentos donde el humor asoma sin aviso.

Porque "Milagro", según la propia Brédice, no busca el golpe dramático clásico sino algo más parecido a la vida misma. "Lo que tengo para contar es el milagro de la vida", dijo la actriz, y la frase funciona casi como una declaración de principios. "Todo lo que sucede en el escenario es inesperado y a la vez gracioso. Es como la vida." Y uno le cree: la propuesta parece caminar por ese filo donde lo cotidiano se vuelve extraordinario sin necesidad de grandes golpes de efecto.

Un presente a toda máquina

Cuando uno repasa la trayectoria de Brédice, "Milagro" aparece como una suerte de bisagra: después de décadas frente a cámara y en escenarios ajenos, la actriz se dio el lujo de escribir su propio texto, ponerse detrás de la puesta y, al mismo tiempo, quedar al frente del escenario. Es un movimiento que habla de una artista que ya no necesita pedir permiso para contar lo que quiere contar. Y eso, en una industria que tantas veces le marca el camino a las actrices, tiene algo de pequeño milagro en sí mismo.

Voy a ser honesta: fui a verla con la expectativa de quien conoce a Brédice de toda la vida, de esa actriz que uno vio crecer desde "Ceniza del paraíso" hasta "Nueve reinas", y me fui con la sensación de haber encontrado a una Leticia nueva, más dueña de sí, más risueña, más plena. "Milagro" no es una obra que prometa resolver nada ni que venga con sermón debajo del brazo; es, como ella misma dice, un convite a reconocer lo extraordinario de lo cotidiano. Y en un mundo que suele premiar el grito, se agradece muchísimo que alguien se anime a bajar la voz y, justamente así, terminar gritando más fuerte. Me quedo con esa imagen: la de una mujer, un teatro alquilado, una sobrina al lado y la vida entera puesta en escena. Lo que uno ve, al final, es a Leticia Brédice siendo, por fin, dueña absoluta de su propio relato.

CM
Carla MontenegroCultura y espectáculos

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