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VIE, 16 OCT 2026
Entretenimiento

La película de Gus Van Sant sobre un hombre que quiso hablar en cámara y terminó tomando un rehén llega al streaming argentino

Bill Skarsgård protagoniza un thriller basado en un caso real de los años setenta que reflexiona sobre los límites de la protesta individual frente al poder financiero. Movistar Plus la incorpora a su catálogo tras una breve y discreta passagem por las salas.

CM
Carla MontenegroCultura y espectáculos · · lectura 5 min
La película de Gus Van Sant sobre un hombre que quiso hablar en cámara y terminó tomando un rehén llega al streaming argentino

Me imagino la escena antes de que arranque la película: una oficina bancaria deIndianápolis, en 1977, con el olor a papel viejo y a café recalentado flotando en el aire, y un hombre que entra decidido a hacer escuchar su reclamo como sea, aunque eso signifique cruzar todas las líneas imaginables. Esa imagen, esa sensación de presión que se huele antes de que se produzca el primer disparo, es la que persigue durante todo el metraje a Dead Man's Wire, el título con el que también se conoce a esta producción que en Hispanoamérica se presenta como Prime Crime: A True Story y que acaba de desembarcar en la plataforma Movistar Plus para todo el público argentino que quiera descubrirla o revisitarla desde el sillón de su casa.

Lo que cuenta la película es, ni más ni menos, un caso real que sacudió a los Estados Unidos a fines de los años setenta y que Gus Van Sant, uno de los cineastas más personales del circuito independiente norteamericano, vuelve a poner en circulación con su sello autoral bien visible. El protagonista se presenta en la sede de un banco al que había acudido a solicitar un préstamo para comprar un terreno. Cuando la entidad se lo negó, empezó a sospechar que el verdadero interés de los directivos era quedarse con la propiedad para especular con ella. La respuesta que encontró fue tan extrema como cinematográfica: tomó como rehén al hijo del dueño del banco usando un dispositivo rudimentario pero potencialmente letal, y formuló dos exigencias muy puntuales. La primera, una indemnización económica. La segunda, y acaso la más llamativa, la posibilidad de hablar en televisión nacional para contar él mismo su versión de los hechos.

Un personaje que se rebeló contra el sistema desde un lugar impensado

Tony Kiritsis, ese hombre que decidió que la única manera de que alguien lo escuchara era atando a otro ser humano a una cita con la prensa, se convirtió en una figura de enorme interés para Van Sant, un director que ya se había detenido en personajes que chocan de frente con las reglas del sistema y que buscan desesperadamente salidas fuera de los márgenes establecidos. Pienso, mientras escribo, en algunas de sus películas más recordadas, como Todo por un sueño, donde el deseo y la obsesión empujaban a sus protagonistas a situaciones límite, y entiendo por qué este caso lo: hay allí un retrato preciso de alguien que siente que las instituciones le dieron la espalda y que decide, con la lógica torcida de la desesperación, montar su propia protesta individual contra estructuras que lo superan ampliamente.

Para darle cuerpo a ese personaje, Van Sant eligió a Bill Skarsgård, un actor sueco que construyó una trayectoria enorme que va del terror más desbocado al drama más contenido, y que acá carga con el peso casi absoluto de la trama. Skarsgård compone a un hombre al que se le nota la bronca acumulada, pero también una especie de astucia mediática sorprendente: sabe que las cámaras están mirando, sabe que cada palabra suya puede ser la última que diga, y administra esa tensión con una calma que eriza la piel del espectador.

Un thriller que mira al cine de los setenta y se cierra con música cargada de sentido

La película construye durante sus minutos centrales una atmósfera de tensión sostenida, con decisiones formales que evocan de manera bastante explícita al cine de género norteamericano de los años setenta, en particular a ese tipo de thriller urbano donde la presión policial se cruza con la cobertura mediática en tiempo real, donde las luces de los móviles atraviesan la noche y los noteros improvisan transmisiones mientras el mundo contiene la respiración. Esa elección no es decorativa: ayuda a entender que Kiritsis no estaba improvisando del todo, sino que entendía, con una lucidez que asusta, el poder de la imagen y de la palabra emitida en directo.

  • Caso real: Tony Kiritsis tomó como rehén al hijo de un banquero en 1977 en Indianápolis y pidió hablar en televisión nacional.
  • Dirección: Gus Van Sant, cineasta del cine independiente norteamericano, conocido por títulos como Todo por un sueño.
  • Protagonista: Bill Skarsgård, actor sueco con trayectoria en el terror y el drama.
  • Presupuesto: por debajo de los 15 millones de dólares.
  • Recaudación en salas: unos 3,8 millones de dólares.
  • Disponible en: Movistar Plus, en el espacio Prime Crime.

El cierre de la película incorpora además música de Gil Scott-Heron, un detalle que no es menor y que le carga al desenlace un sentido político muy marcado sin que el relato abandone en ningún momento el registro del thriller. La historia no termina de resolver sus contradicciones, y creo que eso, lejos de ser un problema, es parte de su atractivo: propone una lectura sobre los límites reales de quien intenta montar una protesta individual contra estructuras que lo superan, y deja al espectador con la incómoda sensación de haber acompañado a un hombre al que no puede terminar de condenar ni de absolver.

En lo personal, y ya cerrando esta nota desde mi lado más subjetivo, creo que esta clase de películas, las que mezclan el cine de género con una intención autoral muy clara, encuentran en las plataformas de streaming una segunda oportunidad que muchas veces las salas no les dan. La película se topó con una recaudación muy discreta en su passagem por los cines, apenas 3,8 millones de dólares contra un presupuesto inferior a los 15 millones, y sin embargo ahora, acomodada en el catálogo de Movistar Plus, puede llegar a ese público curioso que disfruta de los thrillers con densidad humana y que, como quien les escribe, valora que un director de la trayectoria de Van Sant siga apostando por historias mínimas y desbordadas a la vez. Si todavía no la vieron, tienen una buena excusa para hacer noche de suspenso en casa.

CM
Carla MontenegroCultura y espectáculos

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