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SÁB, 17 OCT 2026
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La película de 1985 que Tarantino fue a ver cinco veces al cine y casi nadie vio

Kevin Costner y Kevin Reynolds metieron cinco amigos en una ruta texana y la taquilla los castigó: apenas 91.000 dólares. Décadas después, Quentin Tarantino la sigue defendiendo como una de las óperas primas más grandes de la historia.

CM
Carla MontenegroCultura y espectáculos · · lectura 4 min
La película de 1985 que Tarantino fue a ver cinco veces al cine y casi nadie vio

Imaginate la sala oscura, las butacas gastadas, ese murmullo tibio que solo se escucha antes de que arranque una función. En algún cine de Los Ángeles, a mediados de los ochenta, un muchacho que todavía no era Tarantino sino apenas un fanático con cara de niño grande iba a acomodarse en la butaca por quinta vez en una sola semana. Cinco veces vio la misma película, cinco veces pagó la entrada, y al salir entendía que estaba frente a algo que el mundo todavía no había descubierto. Esa película se llama Fandango, se estrenó en 1985 y fue un fracaso comercial tan estrepitoso que apenas estuvo en cartelera siete días.

Fandango es, antes que nada, una road movie escrita y dirigida por Kevin Reynolds, un director que después se haría conocido por llevar a Costner a escenarios enormes como Robin Hood y Waterworld, pero que en su debut eligió algo mucho más modesto: cinco amigos recién egresados de la universidad que se suben a un coche destartalado para cruzar el desierto de Texas en 1972, en esa despedida de la juventud que tan bien saben contar los norteamericanos. La cinta recaudó apenas 91.000 dólares en su estreno en Estados Unidos, una cifra que hoy suena casi ridícula para cualquier película que se precie.

La confesión de Tarantino

Décadas después, en una charla con Vanity Fair, Tarantino no escatimó en elogios. La definió como una de las mejores óperas primas de la historia del cine y confesó que la vio cinco veces en el cine, aun cuando la sala sólo la tuvo en cartel durante una semana. Pero lo más jugoso de su testimonio no fue el dato cuantitativo sino la imagen que dejó: dijo que después de verla quería vestirse como Kevin Costner, hablar como él, ponerse un esmoquin mugriento y cruzar el desierto durmiendo, orinando, vomitando, bebiendo y sudando dentro de un coche. Ahí aparece la firma del joven Tarantino que después haría carrera con personajes al borde del colapso en rutas asfaltadas y polvorientas.

“Quería vestirme como Kevin Costner. Empecé a hablar como Kevin Costner. Quería ponerme un esmoquin mugriento y dormir y orinar y vomitar y beber y sudar en un coche cruzando el desierto. Hizo que un esmoquin mugriento parezca lo más guay del mundo.”Quentin Tarantino, en Vanity Fair

Por qué importa Fandango hoy

  • Es la ópera prima de Kevin Reynolds, a quien Tarantino llegó a comparar con un Stanley Kubrick de los años noventa, un elogio que el tiempo no terminó de confirmar pero que habla del impacto original.
  • presenta a un Kevin Costner joven, antes de los taquillazos, con un magnetismo desalineado que anticipa al actor que después llenaría la saga de Bailando con lobos.
  • fue el punto de partida de una sociedad creativa entre Reynolds y Costner que recién estallaría con Robin Hood, príncipe de los ladrones en 1991 y con Waterworld en 1995, dos títulos con enormes diferencias entre sí.
  • ese mismo vínculo llevó a Costner a comprometerse con la miniserie Hatfields and McCoys y a dejar pasar el papel que finalmente fue a parar a otro actor en Django desencadenado, lo que deja a Fandango como una especie de pivote silencioso en la historia de Tarantino.
  • hoy conserva su carácter de película de culto, de esas joyitas que uno descubre de pura casualidad en un canal o en una plataforma y no puede dejar de recomendar.

Cuando repaso la historia me queda una sensación agridulce. Pienso en aquel tipo de cine que se hace sin la presión del algoritmo, en aquellas salas que programaban una semana para una película y la dejaban morir, y en la injusticia de que un filme tan querido por alguien que después cambió la historia del cine haya sido ignorado por el público en su momento. Pero también me quedo con la idea de que siempre hay alguien, en alguna butaca, dispuesto a ver cinco veces la misma película y a sostenerla en el tiempo con la fuerza de la palabra. Tarantino lo hizo, y esa defensa, más que cualquier cifra de recaudación, es la que terminó dándole a Fandango el lugar que merecía. Si no la viste, hacé el intento: a veces los tesoros más lindos están en los márgenes.

CM
Carla MontenegroCultura y espectáculos

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