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VIE, 16 OCT 2026
Entretenimiento

La noche más larga de Anatolia: Ceylan y el arte de hacer tiempo en el cine

Un fiscal, un médico forense, un puñado de policías y dos sospechosos que no recuerdan dónde dejaron el cuerpo. En esta película turca disponible en Filmin, el suspenso se construye con silencios, polvo y frases que parecen no decir nada, hasta que dicen todo.

CM
Carla MontenegroCultura y espectáculos · · lectura 4 min
La noche más larga de Anatolia: Ceylan y el arte de hacer tiempo en el cine

Imaginate una sala a oscuras, el zumbido de un generador a lo lejos y las ventanillas empañadas de una combi que se hunde en el barro de la estepa. Esa sensación, esa quietud espesa que solo se rompe cuando alguien enciende un cigarrillo o pide agua, es exactamente lo que Nuri Bilge Ceylan te obliga a habitar durante las casi dos horas y media que dura Érase una vez en Anatolia, esa rareza turca que acaba de caer en el catálogo de Filmin y que a mí, te confieso, me dejó mirando el techo de la pieza un buen rato después de que terminaron los créditos.

La premisa es de las más simples que uno se pueda imaginar: una comitiva oficial sale de noche con el asesino confeso y su cómplice a recuperar el cadáver de la víctima, que fue enterrado en algún punto perdido de las estepas. El problema, y acá está el truco, es que los dos sospechosos estaban tan borrachos cuando cometieron el crimen que no tienen la menor idea de dónde dejaron el cuerpo. Así empieza una búsqueda que parece un trabajo administrativo mal hecho y se transforma, sin que te des cuenta, en un viaje por la cabeza de un montón de gente que convive con la muerte todos los días y ya casi no tiene fuerzas para mirarse a la cara.

Un director que viene afinando el oído desde hace rato

Para quien haya visto alguna otra película de Ceylan, nada de esto debería sonar raro. Este realizador turco se hizo famoso por un cine de ritmo lento, de planos largos y de silencios que pesan más que cualquier diálogo grandilocuente. Pensemos en títulos como Lejos y Érase una vez, que ya anticipaban esa obsesión por la paciencia y por lo cotidiano como material dramático. Lo que hace acá es llevar esa búsqueda hasta el hueso: la duración de la película no se justifica por una trama enroscada, sino por una mirada que se niega a cortar lo que otros filmes cortarían, esa pausa antes de hablar, esa linterna que aparece a lo lejos entre los arbustos, ese pliegue de cansancio que se le instala a un policía en la cara cuando ya van cuatro horas de búsqueda sin resultados.

Lo más interesante, y acá va una de las claves que rescato como espectadora, es que la oscuridad del campo turco funciona menos como decorado y más como estado de ánimo. Ceylan filma la noche como si fuera un personaje más: una presencia que se mete adentro de la comitiva, que aplasta las conversaciones, que obliga a los protagonistas a quedarse solos con sus propias palabras. Las charlas que llenan el trayecto parecen intrascendentes en la superficie, pero van sumando un peso raro, casi físico, a medida que la noche se estira. Historias que se cruzan, confesiones a medias, distracciones momentáneas, todo va armando una presión que no es la del thriller clásico sino algo más parecido al agotamiento existencial.

Lo que hay que saber antes de darle play

  • Es una coproducción turca de 2011 dirigida por Nuri Bilge Ceylan, con una duración de casi dos horas y media que se siente, pero no pesa en vano.
  • Se llevó el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes, uno de los reconocimientos más importantes del circuito internacional.
  • Está considerada una de las obras centrales del cine turco contemporáneo y un mojón en la carrera de Ceylan.
  • Se puede ver por streaming en la plataforma Filmin, así que no hace falta ir a un cinearte ni rastrear copias perdidas.
  • No es una película para esperar plot twists ni resoluciones brillantes: es para entregarse al viaje.

Te advierto algo con la honestidad que me caracteriza: si sos de los que necesita que cada escena avance hacia algún lado, que cada diez minutos pase algo y que el último tercio explote, esta película te va a incomodar. Y está bien que te incomode, porque forma parte de lo que propone. Ceylan no te promete respuestas ni catarsis al estilo hollywoodense; te propone algo más raro, que es convivir durante una noche entera con personas que trabajan rodeadas de crimen y muerte, y que de tanto ver lo peor fueron perdiendo la capacidad de mirarse entre sí con un mínimo de ternura.

A mí, que confieso ser de las que prefieren el cine que te deja pensando días después al que te mantiene al borde del asiento, me parece una pequeña joya. Pero más allá de mi opinión, que vale lo que vale, lo que no se puede negar es que estamos ante un director que entiende el ritmo como pocos: sabe cuándo acelerar, cuándo hacer una elipsis y, sobre todo, cuándo detenerse hasta que el silencio se vuelve insoportable. Si te animás a entrar en sus tiempos, te va a dejar una huella que no se borra fácil. Y si no te copa, al menos vas a poder decir que viste algo genuinamente distinto en medio de tanto algoritmo disfrazado de película.

CM
Carla MontenegroCultura y espectáculos

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