La chica más famosa de la historieta argentina espera paciente en una esquina de San Telmo
Una recorrida por la feria dominical y el Paseo de la Historieta para encontrarse con Mafalda entre puestos, cerámicas y esculturas que se multiplican por el barrio.
Hay una esquina en San Telmo donde el tiempo se ordena de una manera muy particular: alguien se para, levanta el teléfono, sonríe, se corre, deja lugar al siguiente. Es la esquina de Chile y Defensa, donde Mafalda está sentada en su banco desde hace años, con la mirada dirigida a la calle como si todavía estuviera esperando una respuesta del mundo. La estatua forma parte del Paseo de la Historieta porteño y se convirtió, sin proponérselo, en uno de los puntos más fotografiados del barrio.
El domingo es el día ideal para buscarla, porque la caminata puede combinarse con la feria de antigüedades y artesanías que se despliega sobre Defensa. A lo largo de la calle, entre puestos de platería, mates tallados y cuadros de autor, la imagen de Mafalda aparece repetida en cerámicas, cuadernos, muñecas tejidas a crochet, imanes y hasta en remeras dobladas con prolijidad. La protagonista de la tira convive con el visitante sin necesidad de entrada ni de pago: alcanza con llegar y prestarse al juego de reconocerla en cada objeto.
Antes de Mafalda, Quino ya había creado personajes para la revista Primera Plana, donde empezó a publicar viñetas políticas a mediados de los años sesenta. Pero fue ella, esa nena que odia la sopa y se preocupa por los conflictos internacionales, la que le dio al humorista tucumano un lugar propio en la cultura argentina. La escultura de San Telmo es, en cierto modo, el reverso callejero de esas páginas: lo que empezó en blanco y negro sobre papel terminó convertido en bronce y en souvenir.
Cómo armar la salida
- Llegar a la esquina de Chile y Defensa y sumarse a la fila para la foto con Mafalda: la espera forma parte del paisaje, aunque no hay un tiempo informado.
- Bajar por Defensa para recorrer la feria dominical, deteniéndose en los puestos que ofrecen objetos con la imagen del personaje en distintos materiales.
- Cruzar la Plaza Dorrego y seguir por las calles laterales para descubrir otras estatuas del Paseo de la Historieta instaladas en comercios de la zona.
- Prestar atención a las inscripciones en los recuerdos: muchas frases que circulan en cerámicas y posters no fueron escritas por Quino, aunque se le atribuyan.
- Cerrar la caminata en un bar de la plaza, con un café y la sensación de haber recorrido un barrio que le hace lugar a la historieta como Patrimonio Cultural de la Humanidad.
El humorista gráfico Tute, que continúa la tradición de la historieta argentina, suele repetir una idea cuando habla de Mafalda: que el verdadero motor de la tira fue la complejidad de su elenco, porque Felipe, Manolito, Susanita, Miguelito, Guille y Libertad llegaron a representar una familia posible, con sus manías y sus contradicciones. Esa paleta de personajes es la que el visitante termina reconociendo en cada puesto, en cada referencia, en cada escultura que aparece de imprevisto en una vereda.
Recomiendo, eso sí, ir con el ojo entrenado: no todo lo que lleva la cara de Mafalda viene de la mano de Quino. Circen frases que nunca aparecieron en las tiras, en objetos que mezclan la imagen del personaje con consignas que él nunca firmó. Reconocer el dibujo no alcanza para garantizar la autenticidad del mensaje: hace falta leer antes de comprar.
Yo vuelvo cada tanto a esa esquina y siempre me detengo un momento antes de sumarme a la fila. Miro la escultura, miro a la gente que espera con el celular en alto, miro a los vendedores que acomodan sus cajas de cerámica sobre Defensa, y pienso que Mafalda se hizo así, a fuerza de estar en las plazas, en las aulas y en las conversaciones de sobremesa. Si tuviera que elegir un personaje de Quino para retratarme, me quedo con la propia Mafalda: una nena que mira el mundo con la seriedad suficiente como para incomodar a los adultos. Y en San Telmo, sentada en su banco de bronce, sigue haciendo exactamente eso.
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