La Argentina desembarca en San Sebastián con dos cartas fuertes por la Concha de Oro
Glaxo, de Benjamín Naishtat, y Mis muertos tristes, de Pablo Larraín, integran la competencia oficial del festival español. Además, Ricardo Darín y Diego Peretti estrenarán Lo dejamos acá, hay documentales y proyectos en busca de financiamiento.
El Kursaal de San Sebastián ya empieza a despedir el verano europeo con esa mezcla de ceremonias, alfombras rojas y butacas a reventar que tienen los grandes festivales, y en esta edición 74 la Argentina llega con dos películas que se juegan nada menos que el premio mayor: la Concha de Oro. Una es Glaxo, lo nuevo de Benjamín Naishtat, que se proyecta el domingo en la sala principal después de su paso por Toronto y antes de recalar en Londres. La otra es Mis muertos tristes, una coproducción con Chile que lleva la firma de un Pablo Larraín cada vez más cómodo cruzando fronteras y que se verá el lunes, con Mercedes Morán y Dolores Fonzi como protagonistas y con la presencia en la sala de Mariana Enríquez, autora del libro que dio origen a la historia.
Las dos se presentan en jornadas consecutivas, casi como un mano a mano cinematográfico, y los dos títulos vienen con recorrido internacional como para tomarse en serio la discusión. Glaxo, que cuenta con Lali Espósito en el elenco, vuelve a poner a Naishtat en el mapa después de títulos como El movimiento y Rojo, con los que se había ganado un lugar de respeto en el circuito de festivales. Mis muertos tristes, en tanto, llegará a San Sebastián en un formato distinto al que después verá el público en streaming: aquí se exhibirá como una película de duración convencional, mientras que el 24 de septiembre Netflix pondrá en línea la versión completa, una miniserie de cuatro episodios con la que los espectadores locales van a poder comparar montajes y entender mejor qué decidió contar cada formato.
Lo dejamos acá, estreno mundial con Darín y Peretti
La presencia argentina no se agota en la competencia principal. El martes se vivirá una de esas funciones que suelen ser las más celebradas por el público: el estreno mundial de Lo dejamos acá, con Ricardo Darín y Diego Peretti como dupla protagónica. Darín además estará presente acompañando la proyección, y quienes vayan al festival serán los únicos que podrán verla en pantalla grande, porque su lanzamiento en Netflix está previsto para el 16 de octubre sin paso previo por las salas argentinas, una decisión que, como viene ocurriendo con varias producciones locales pensadas directo para plataforma, ya abrió debate entre quienes defienden el estreno cinematográfico y quienes argumentan que el público hoy consume mayoritariamente desde el living de su casa.
Documentales, secciones paralelas y proyectos en desarrollo
La grilla se completa con una camada de películas nacionales distribuidas entre varias secciones paralelas. En Zabaltegi-Tabakalera, la competencia más experimental del festival, abrirá Pedro en el país, un documental del propio Naishtat junto a María Alché, y también fueron seleccionadas A veces me entra tristeza, otras veces rebelión, de María Aparicio, y El fantasma, de Ignacio Masllorens y David Lamelas. Fuera de concurso, Albertina Carri presentará Cine vivo, un artefacto, una propuesta que cruza un cortometraje, un libro y una performance, en la línea de los trabajos híbridos que suelen discutirse más en las aulas que en las boleterías pero que suelen tener larga vida en los circuitos de cine arte.
En Horizontes Latinos, la sección pensada para reforzar los lazos entre el cine iberoamericano, aparecerán Viajes y placeres, de Mariano Luque; La ilusión de un verano sin fin, de Alessandra Sanguinetti, y El tren fluvial, de Lorenzo Ferro y Lucas A. Vignale. Y todavía hay más: cinco proyectos argentinos participarán del Foro de Coproducción Europa-América Latina, una vidriera clave para conseguir los socios y los fondos que faltan para terminar películas que hoy son apenas un guion, una carpeta con fotos y muchas ganas. La apertura del festival está prevista para el 18 de septiembre con Geister, una de esas películas que sirven de puntapié ideal para entender el clima de esta edición.
- Glaxo, de Benjamín Naishtat, compite por la Concha de Oro y llega con el antecedente de su paso por Toronto y Londres.
- Mis muertos tristes, de Pablo Larraín, se verá en formato de película, distinto de la miniserie que Netflix estrenará el 24 de septiembre.
- Lo dejamos acá, con Ricardo Darín y Diego Peretti, tendrá su estreno mundial el martes y luego saltará directo a Netflix el 16 de octubre.
- En Zabaltegi-Tabakalera se exhibirán Pedro en el país, A veces me entra tristeza, otras veces rebelión y El fantasma, además de la propuesta fuera de concurso de Albertina Carri.
- Cinco proyectos argentinos participarán del Foro de Coproducción Europa-América Latina en busca de financiamiento para terminar sus películas.
Uno recorre esta grilla y no puede evitar sentirse un poco emocionado, en serio: hay algo de justicia poética en que un país que viene de discutir el futuro de su cine, de pelearse con las plataformas y de llorar los recortes, tenga dos películas compitiendo por el premio más codiciado de uno de los festivales más tradicionales de Europa. No es una reivindicación ni un acto de chauvinismo barato: es que, cuando uno mira el listado completo, ve equipos distintos, generaciones distintas, formatos distintos y hasta modelos de negocio distintos empujando para el mismo lado. Que San Sebastián ponga a la Argentina en ese lugar no resuelve los problemas de fondo de la industria, pero al menos recuerda, mientras se apagan las luces del Kursaal, que cuando se trata de contar historias en esta punta del mundo, todavía hay mucho para aplaudir.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo
CBA Ahora