Jeanne Tripplehorn: la mujer que aprendió a brillar lejos del centro de la escena
A más de tres décadas de su debut en Instinto básico, la actriz construyó una carrera sólida sin hacer ruido: pasó del cine de estrellas a la televisión de autor y hoy sigue sumando proyectos en plataformas internacionales.
La vi por primera vez en una sala oscura de barrio, allá por el 92, cuando todavía creíamos que ir al cine era un ritual de domingo a la noche. En la pantalla, una mujer rubia, seria, contenida, le sostenía la mirada a Michael Douglas sin pestañear. No era Sharon Stone ni llevaba ese vestido blanco que después se volvió leyenda: era la psicóloga, la que escuchaba, la que miraba desde el margen. Esa mujer era Jeanne Tripplehorn, y para mí esa fue la sorpresa más genuina de Instinto básico, ese thriller de Paul Verhoeven que llegó precedido por polémicas y terminó siendo un fenómeno de taquilla. La recuerdo ahí, con ese aplomo silencioso, y me acuerdo de haber pensado, mientras salíamos a la calle con los ojos todavía ajustándose a la luz del palier, que esa actriz iba a dar que hablar.
Habló, sí, aunque no siempre del modo que prometen los debuts así. Lo que pasó después fue curioso: Tripplehorn pasó de aquel primer papel directo al centro del mapa a una seguidilla de proyectos importantes, pero casi siempre como actriz de reparto. Al año siguiente se puso al hombro La tapadera junto a Tom Cruise, una adaptación de John Grisham dirigida por Sydney Pollack que la confirmó como nombre válido para las producciones de primer nivel. Y en la segunda mitad de los noventa se la vio en comedias negras como Very Bad Things, en dramas como Dos vidas en un instante y en Mickey Ojos Azules, siempre trabajando, siempre visible, pero cada vez más lejos del cartel principal.
El lugar que encontró en la pantalla chica
La televisión le devolvió algo que el cine le venía mezquinando: peso propio. En Big Love, la serie de HBO sobre una familia poligámica que encabezaba Bill Paxton, Tripplehorn construyó uno de los papeles más valorados por la crítica de toda su carrera. Después llegó Mentes criminales, donde se quedó durante 48 episodios entre 2012 y 2014, una estadía larga que la expuso a una audiencia masiva y la instaló como rostro familiar para una generación entera de televidentes.
- Instinto básico (1992): su debut cinematográfico, como la psicóloga Beth Garner junto a Sharon Stone y Michael Douglas.
- La tapadera (1993): salto al cine de estrellas con Tom Cruise y dirección de Sydney Pollack.
- Big Love (HBO): uno de sus trabajos más celebrados por la crítica, en el universo de la poligamia mormona.
- Mentes criminales: 48 episodios entre 2012 y 2014, su paso más extenso por una serie masiva.
- Verdades ocultas: la producción actual junto a Ethan Hawke, cuya segunda temporada se estrena en octubre de 2025.
Después de un paréntesis raro, con 2015 y 2016 sin estrenos que yo pudiera rastrear, reapareció en Gloria Bell, el drama de Sebastián Lelio donde compartió escenas con Julianne Moore, John Turturro y Michael Cera. Su último pasaje por salas grandes data de 2020, y desde entonces su trabajo se concentra casi exclusivamente en series: La edad dorada, La lista final y, sobre todo, Verdades ocultas, donde comparte elenco con Ethan Hawke. En declaraciones vinculadas a esa producción, la actriz reconoció sin vueltas que a lo largo de su carrera había aceptado proyectos con los que no se sentía del todo conforme, y que esta serie, justamente, era la excepción que la reconciliaba con su propio oficio.
Mirándola en perspectiva, lo que más me conmueve de Jeanne Tripplehorn es que nunca necesitó gritar para ocupar su lugar. Lejos del escándalo y del estrellato mediático, fue armando una carrera declocka en apariencia, sólida de verdad: del cine de autor al procedural policial, de la comedia negra al drama de época, siempre con esa cosa suya entre contenida y cálida que la hace inmediatamente reconocible. A mí, personalmente, me gustaría verla animarse a un protagónico bien adulto, de esos donde una actriz de su experiencia pueda cargar una historia entera sobre los hombros. Si Verdades ocultas le devolvió el gustito por el oficio, ojalá sea el empujón para todo lo que viene. Mientras tanto, yo voy a seguir reivindicando a la psicóloga de Instinto básico, esa que miraba desde el margen y, justamente por eso, era imposible de olvidar.
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