Iván Ramírez se saca las pelucas y se anima a cantar con su propia voz en la pantalla de Guido Kaczka
El humorista dejó atrás las imitaciones y aceptó un desafío que lo tomó por sorpresa: competir como cantante en Es mi sueño. Ensaya con un equipo vocal, repasa una carrera que arrancó a los 14 años y suma proyectos en streaming y una posible fecha en Mar del Plata.
Lo primero que imaginé al ver a Iván Ramírez parado en el escenario de Es mi sueño fue la cantidad de veces que lo vi disfrazado de otro. Con peluca, con prótesis, con la voz doblada como una guitarra afina. Pero esta vez no. Esta vez estaba él, con su cara, con su tono, y eso, para un público acostumbrado a verlo ser varios al mismo tiempo, resulta casi un golpe de timón. La pantalla muestra a un Ramírez distinto, uno que canta sin esconderse detrás de un personaje, y esa sola decisión ya cambia la temperatura de la competencia que conduce Guido Kaczka.
Una convocatoria que lo agarró desprevenido
El convite lo tomó fuera de juego. Ramírez confiesa que esperaba, como en otras oportunidades, una propuesta para meter alguna cuota de humor en el programa. No para sentarse en la silla de concursante. La historia con Kaczka viene de lejos: a los 17 años participó de Hacelo feliz, donde se lució imitando a Dread Mar I, y siempre quedó el buen recuerdo de aquel paso por la televisión. Por eso le llamó la atención que esta vez le ofrecieran un lugar distinto, el de alguien que se expone con nombre y apellido.
“Lo primero que pensé es: no sé cantar con mi voz.”Iván Ramírez
El comentario resume el vértigo del momento. Aunque tomó clases de canto durante años, nunca había probado esa manera de mostrarse en cámara. Ahora ensaya con el equipo de entrenamiento vocal del ciclo, un detalle que no es menor para alguien que modifica el tono a cada rato: el cuidado técnico se vuelve imprescindible cuando el instrumento de trabajo es, justamente, la voz.
Un personaje detrás de cada personaje
El Ramírez que el público conoce llega a tener un repertorio enorme. Calcula que pasó los 150 personajes, un arco que va de figuras del espectáculo a deportistas y hasta dibujos animados. Para armarlos, el camino siempre es el mismo: primero observa cómo piensa el referente, qué le interesa, cómo se mueve por la vida. Después trabaja la voz y los gestos, y recién al final suma la ropa, la peluca, el maquillaje. Cada paso lleva tiempo, y los hay muy pesados: una sola prótesis puede demandar cuatro horas de colocación, y retirarla suma otras dos. Las pelucas son de cabello natural y la indumentaria la arma un equipo propio que cose cada traje a medida.
Una agenda que no se detiene
Mientras se banca las luces del concurso, Ramírez sigue moviéndose por otros frentes. Forma parte de Viralizados, acaba de estrenar Iván y vienen, un ciclo de streaming que ya está al aire, y recibió una propuesta para llevar un unipersonal a Mar del Plata, una plaza que suele ser termómetro para los humoristas. Además, mantiene la rutina de shows en eventos, el motor histórico de su carrera. La grilla, dice él mismo, se le multiplicó.
Algo me dice que verlo cantar con su voz verdadera puede terminar de revelarlo. Porque uno se acostumbra a mirar a Iván Ramírez y ver siempre a otro, y de pronto aparece él, sin armadura, afinando lo que puede, equivocándose a veces, pero sostenido por un oficio que viene de mucho antes de la televisión. A mí, que lo sigo desde hace rato, esa imagen me parece la más bonita que dejó esta semana: un humorista que se anima a ser, por un rato, simplemente él. Y eso, en un país donde todos vamos disfrazados de algo, tiene su mérito.
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