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VIE, 16 OCT 2026
Tecnología

Internet ya no es para humanos: los robots te ganaron en visitas y encima no pagan un peso

Los agentes de inteligencia artificial superan en tráfico a cualquier persona conectada a la red y, de paso, rompen el pacto invisible que mantenía vivos a los medios digitales. La industria empieza a discutir cómo cobrarles.

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Agustín TisseraTecnología · · lectura 4 min
Internet ya no es para humanos: los robots te ganaron en visitas y encima no pagan un peso

Y pensar que durante décadas creímos que el problema era el primo que te pedía la contraseña del Wi-Fi. Resulta que hoy, en algún datacenter de Palo Alto o de San Pablo, hay un software que barre millones de páginas por segundo, se lleva los datos y ni siquiera se molesta en mirar el banner que tanto nos cuesta mantener. ¿Internet para todos? Más bien internet para unos pocos algoritmos con hambre de contenido ajeno.

Lo que hasta hace poco era un arreglo de palabra entre buscadores y medios se rompió de la peor manera. Google (el motor de búsqueda más usado, el que te aparece cuando tipeás algo en el navegador, por si quedaste varado en 2005) indexaba páginas y, a cambio, mandaba lectores que a veces hacían clic en un aviso o se suscribían al newsletter del diario. Ese trueque silencioso financió al periodismo digital durante años. Ahora, en cambio, los modelos de inteligencia artificial barren esos mismos sitios para responder consultas sin que el usuario pise nunca la fuente original. El pan gratis se terminó, y no lo reemplazó nadie.

¿Por qué hay más bots que gente en la calle virtual?

No es un tema de cantidad únicamente, sino de peso bruto. Un agente de IA no se conecta, lee dos líneas y se va como cualquiera de nosotros un lunes a las siete de la mañana. Ejecuta varias tareas a la vez, en paralelo, en tiempos que a un humano le llevarían horas. Algunos reportes recientes muestran que estos sistemas ya generan más solicitudes de tráfico que la suma de todos los visitantes humanos juntos. Es decir, en buena parte de la web los lectores son una minoría ruidosa, y la mayoría silenciosa son robots.

¿Y el modelo de negocio qué? Bien, gracias

El problema de fondo no es técnico, es contable. Un agente no hace clic en el aviso publicitario (el banner pago que aparece arriba o al costado de la nota), no completa el formulario para suscribirse y, por supuesto, nunca deja su correo para recibir el resumen del día. El contenido igual se consume, pero el dinero que ese consumo movía se evaporó. Para los medios es un golpe doble: por un lado, el periodismo está escrito por personas con manejo del lenguaje que las máquinas todavía no replican del todo; por el otro, publica datos frescos que los modelos no encuentran en otro lado y necesitan como agua para los entrenamientos.

  • Servir las respuestas sin derivar tráfico al sitio que produjo la información.
  • Ejecutar tareas en paralelo que multiplican el consumo de ancho de banda yrequests, las solicitudes técnicas que cada página recibe, como si fueran visitas simultáneas.
  • Invisibilizar la fuente: nadie llega al portal porque la respuesta yaapareció completa en el chat del asistente.
  • Romper el ciclo que financiaba publicidad y suscripciones desde haceveinte años.

¿Se puede cobrarles a los robots?

Empieza a cocinarse algo. Varias empresas de infraestructura web trabajan en mecanismos para que cada dueño de un sitio pueda decidir qué bots entran, a cuáles les cobra y a cuáles les baja la persiana. La idea, en criollo, es armar un mercado donde usar datos ajenos para entrenar a una IA tenga un precio. No existe todavía un estándar único que valga en todo el mundo, aunque hay un antecedente fuerte: Australia sancionó en 2021 una ley que obliga a las plataformas grandes a sentarse a negociar pagos con los medios. Si te suena exagerado, recordá que cobrar por lo que producís nunca fue tan revolucionario como parece.

Mientras tanto, el tracking de referencia se complicó. Antes, cuando alguien llegaba a un diario desde Google, quedaba claro de dónde venía el visitante. Con los modelos de IA el camino se oscurece: la consulta llega resuelta, sin la etiqueta que le dice al medio quién le mandó al lector. Es como si entraras al kiosco de la esquina, agarraras las figuritas y la coca, y te fueras sin que nadie te viera pasar por la puerta. La nota se duplicó infinitamente, el caudalómetro marca cero, y al final del mes el canillita se pregunta quién le sacó la plata del bolsillo.

¿Quién paga el asado?

Por ahora, nadie. La industria debate si regular, si dejar que el mercado arregle solo o si aceptar que el periodismo digital se convierta en un insumo gratis para las grandes tecnológicas y empiece a vivir de subsidios, mecenazgos o suscripciones forzadas como las de algunos países nórdicos. Mientras tanto, cada vez que un asistente de IA te tira una respuesta con letra de diario, hay un redactor en algún lado que no cobró un centavo por esa producción. Veremos, che, cómo termina esta pelea entre los que crean el contenido y los que lo chupan sin dar la cara.

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Agustín TisseraTecnología

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