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SÁB, 17 OCT 2026
Entretenimiento

Holder se sacó la foto más cruda y la más envidiada para decir lo mismo: ninguna de las dos le hacía bien

El ex Gran Hermano mostró dos imágenes opuestas de su cuerpo, la de los 125 kilos encerrado con la PlayStation y la del físico definido en Ibiza, y usó las dos como ejemplo de lo que no hay que buscar. También confirmó el implante capilar y negó retoques faciales.

CM
Carla MontenegroCultura y espectáculos · · lectura 3 min
Holder se sacó la foto más cruda y la más envidiada para decir lo mismo: ninguna de las dos le hacía bien

Me lo imagino a Tomás Holder sentado en un sillón, con el celular en una mano y la otra rascándose la nuca, dudando si subir esa foto que tenía guardada desde mayo del año pasado. La subió. Y la puso al lado de la que se sacó en una playa de Ibiza, con el cuerpo marcado y los comentarios lloviendo. Dos extremos de la misma persona, separados por poco más de un año y por un cambio que, según cuenta él mismo, le dejó más preguntas que certezas.

La primera imagen es la de un pibe de 25 años que había dejado el gimnasio hacía siete meses, se había encerrado en su casa y pasaba hasta doce horas por día frente a la PlayStation. Comida chatarra, mucho desorden y una frase que lo resume mejor que cualquier descripción: “No encontraba rumbo, no encontraba soluciones”. En mayo de 2025 la balanza marcó 125 kilos y Holder dice que ese número le quedó asociado a un momento emocional que prefiere no repetir.

Ibiza, la foto que todos elogian y él relativiza

La segunda postal es la de unas vacaciones en Ibiza, en julio de este año, con una definición muscular que llamó la atención en la playa y en los boliches. Ahí mismo, en lugar de colgarse la medalla, Holder eligió bajarle el precio a la imagen. “Mi cuerpo no es real, ni sano y tiene un soporte químico”, dijo, y explicó que detrás de ese físico hubo cinco meses de alimentación ultra controlada, culpa cada vez que comía algo fuera del plan y una relación enfermiza con la balanza. Hasta una hamburguesa, que antes era un gustito, se le había vuelto un conflicto.

“Mi cuerpo no es real, ni sano y tiene un soporte químico.”Tomás Holder

Lo más interesante de lo que contó no es la confesión en sí, sino el lugar desde donde la hace. Holder ya había sido uno de los personajes más comentados de Gran Hermano 2022, con sus peleas dentro de la casa y ese tono desbordante que lo hizo conocido. Por eso llama la atención que ahora, lejos de la televisión, elija poner el cuerpo como tema y, sobre todo, que se anime a mostrar la foto que tenía guardada “por vergüenza” durante meses.

  • En mayo de 2025 llegó a pesar 125 kilos, tras siete meses sin entrenar y jornadas de hasta doce horas frente a la PlayStation.
  • En julio de este año viajó a Ibiza con un cuerpo muy definido que, según él, se sostuvo con un “soporte químico” no sostenible en el tiempo.
  • Desarrolló culpa al comer y quedó condicionado por la balanza: hasta una hamburguesa se volvió un conflicto.
  • A comienzos de marzo se hizo un implante capilar para corregir las entradas; antes lo disimulaba con el corte de pelo.
  • Negó retoques faciales y atribuyó los cambios en sus facciones a la dieta y al uso de barba.

Su conclusión, y el motivo real de mostrar las dos fotos juntas, fue advertir que ninguno de los dos extremos representa un estado de salud real. El sobrepeso ligado a los ultraprocesados y la definición extrema de Ibiza son, para Holder, dos caras del mismo problema. Por eso el cierre fue una recomendación directa a sus seguidores: “Cuiden su salud y sobre todo su salud mental”.

Confieso que me quedé pensando en cómo se construyen estos relatos en redes. Un pibe muestra su peor foto y su mejor foto y termina recibiendo mensajes de gente que se siente menos sola con la suya, que también es la que nadie sube. A mí, que soy de las que mira estas historias con una mezcla de curiosidad y cariño, me parece que Holder hizo algo que no es tan común: contar que el cuerpo que se envidia muchas veces tampoco lo es, y que la presión por verse “bien” puede salir tan cara como el descontrol. La pregunta que dejó flotando es incómoda y nos incluye a todos los que miramos, comentamos y compartimos: cuánta de esa vara que ponemos en las fotos ajenas termina volviendo, inevitablemente, sobre la propia.

CM
Carla MontenegroCultura y espectáculos

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