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VIE, 16 OCT 2026
Tecnología

Gates sale a la cancha con un ensayo sobre IA y mete miedo: bioterrorismo, millones de laburos al tacho y un futuro que viene más rápido de lo que pensábamos

El cofundador de Microsoft publicó un texto de unas seis mil palabras donde advierte que la inteligencia artificial ya puede armar agentes biológicos, vaciar profesiones enteras y concentrar poder en pocas manos. Pide impuestos a los robots y reservar oficios para humanos. Traducción al barrio: esto nos toca a todos.

AT
Agustín TisseraTecnología · · lectura 3 min
Gates sale a la cancha con un ensayo sobre IA y mete miedo: bioterrorismo, millones de laburos al tacho y un futuro que viene más rápido de lo que pensábamos

¿En serio alguien se sorprende de que Bill Gates largue un ensayo diciendo que la inteligencia artificial puede ser peligrosa? Lo llamativo no es el mensaje, sino el tono: por primera vez en años, el cofundador de Microsoft suena menos a gurú del optimismotech y más a vecino de barrio preocupado. El texto se llama, en inglés, algo así como "La turbulenta era de la IA ya está acá, y las decisiones que tomemos son críticas". Unas seis mil palabras. Ni más ni menos. Y, como buen editorial largo, viene con tres alertas concretas que vale la pena repasar.

¿Puede la IA fabricar un virus en la cocina de un living?

Gates advierte que los modelos actuales ya pueden juntar y masticar información vinculada a la fabricación de explosivos, malware y agentes biológicos. O sea, lo que hoy sirve para acelerar una vacuna, mañana podría servir para diseñar una enfermedad nueva. El fundador de Microsoft aclara que la IA no hace inevitable una pandemia artificial, pero sí baja las barreras técnicas para que un actor hostil lo intente. Y remata: es un problema global que ningún país puede zafar solo. Vamos, que ningún país, ni siquiera Estados Unidos ni China, puede sentarse a esperar que el otro lo arregle.

¿Te quedás sin laburo en diez años o antes?

Acá viene el punto que más duele. Gates marca una diferencia clave con revoluciones anteriores, como la mecanización del campo o la llegada de la computación a las oficinas. Antes la tecnología reemplazaba músculo; ahora reemplaza cabeza. La IA observa, escucha, escribe, programa y resuelve problemas. Sectores en la mira, según el ensayo: el derecho, la atención al cliente, la medicina, el desarrollo de software y la manufactura. La frase más cruda del texto es de Gates y no necesita traducción: "Muchos empleos desaparecerán para siempre". El timing, además, no da respiro: el cambio ocurriría en una década, no a lo largo de generaciones. Tiempo cero para recapacitar.

“Muchos empleos desaparecerán para siempre.”Bill Gates, en el ensayo "The Turbulent AI Era Is Here"

¿Y la solución? Cobrarle impuestos al robot y reservar laburos para humanos

  • Gravar a robots y sistemas de IA con tributos comparables a los que pagan los trabajadores humanos, para financiar redes de contención.
  • Reservar formalmente para personas oficios vinculados a la salud, el cuidado y el acompañamiento emocional, incluso cuando la tecnología pueda hacerlos.
  • Frenar la concentración de poder: Gates advierte que, sin regulación, gobiernos y corporaciones ya dominantes se llevan puesta a la competencia con estas herramientas.
  • Atacar la desinformación automatizada, porque las campañas de fake news con contenido generado por IA se abaratan hasta volvermasmasivas y casi imposibles de rastrear.

Hay un cuarto riesgo que el ensayo apenas roza pero que a mí me suena a tsunami silencioso: la atribución de responsabilidad. Si un sistema autónomo toma una decisión, calcula mal, lanza un ataque o mata civiles con un arma no tripulada, ¿quién se hace cargo? ¿El programador, el operador, el fabricante, el ejército que lo compró? Gates señala que esa zona gris se vuelve más oscura a medida que los modelos dejan de buscar información y empiezan a interpretar, planificar y ejecutar acciones por su cuenta. Un quilombo legal de aquellos.

En el plano más terrenal, la propuesta de cobrarle impuestos a los robots suena a slogan de campaña, pero tiene una lógica fiscal concreta: si la automatización reemplaza aportes a la seguridad social y al fisco, alguien tiene que poner plata para sostener a los que se quedan sin changa. Lo de reservar oficios para humanos, en tanto, apunta a un costado filosófico: hay tareas donde lo importante no es la eficiencia, sino el vínculo. Curar, contener, acompañar. Ni el mejor modelo de lenguaje te da la mano en un velorio. O, dicho en criollo: hay cosas que un algoritmo no debería hacer, aunque pueda.

La pregunta del millón, entonces, no es si la IA viene con riesgos, porque eso ya quedó claro. La pregunta es si los marcos regulatorios, las empresas y la sociedad en general van a moverse al ritmo que plantea Gates. Porque entre el ensayo y la realidad hay más distancia que entre Nueva York y un pueblo de Traslasierra. Veremos, che.

AT
Agustín TisseraTecnología

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