Franco, el cordobesito que se cansó deambulando por el ascenso y volvió para hacer ruido en la cima
Darío Franco dirige a Gimnasia de Mendoza como puntero del Grupo A del Clausura con 16 puntos. A los 57, el discípulo de Bielsa muestra que el camino largo a veces enseña más que la cima prematura. Este viernes recibe a Defensa y Justicia.
Me lo imagino a Darío Franco sacando pecho, con ese gesto de mandíbula apretada que tienen los técnicos cuando el equipo la rompe y no quieren que se note que están a punto de sonreír. Lo imagino en el banco del Lobo mendocino, gritando indicaciones que nadie oye en la cancha pero que igual sirven, como cuando uno le habla al perro y el perro te mira como diciendo yo hago lo que quiero. A sus 57 años, este muchacho nacido en Cruz Alta, Córdoba, está puntero del Grupo A del torneo Clausura con 16 puntos, y lo hizo en silencio, sin bombos ni platillos, mientras todos mirábamos para otro lado.
Franco no es un improvisado. Se formó como volante en Newell's, donde mamó el fútbol de Marcelo Bielsa como otros mamamos la milanesa con puré los domingos. Fue parte de la selección argentina que dirigía Coco Basile y hasta le convirtió a Inglaterra en Wembley, en un empate 2-2 por la Copa Sir Stanley Rous que todavía debe resonar en algún rincón de su memoria. Pero después del retiro, el destino le guardó un camino largo y áspero, muy lejos de las luces de la primera división.
Diez años de mochila, idas y vueltas
La última vez que Franco había dirigido en primera fue entre noviembre de 2016 y mayo de 2017, en Aldosivi. Desde entonces, un periplo que suena a novela de ruta: Instituto de Córdoba en dos etapas, San Luis de Quillota en Chile, Olmedo en Ecuador durante la pandemia, Gimnasia y Esgrima de Jujuy, Binacional en Perú, Almirante Brown, Quilmes y finalmente Arsenal, donde estuvo de abril a octubre de 2025 y se fue de común acuerdo tras 24 partidos con 8 victorias, 4 empates y 12 derrotas. Casi una década de ascenso y de pasillos chicos, donde los planteles tienen más voluntad que nombres y los sueldos se pagan como se puede.
Y entonces, en algún momento de este 2026, el hombre volvió. Volvió para encabezar la tabla con Gimnasia y Esgrima de Mendoza, un club al que le dicen el Lobo o el Mensana, que venía masticando el ascenso y que ahora muerde en la máxima categoría. Empate 2-2 ante Boca en el último minuto, con gol del descuento que todavía debe estar latiendo en el cuerpo de los hinchas xeneizes, y goleada 3-0 a Independiente en el Libertadores de América, escenario que ya tiene historia propia para cualquier visitante.
“Creo que superamos al rival de principio a fin; en los primeros 15 minutos, si anotábamos tres goles creo que estaba bien.”Darío Franco, tras el empate con Boca
- El sello bielsista sigue intacto: pressing en campo rival, ataque con mucha gente y solidaridad cuando se pierde la pelota.
- El grito desde el banco no es un capricho: es una herramienta para sostener la concentración del equipo.
- Agustín Módica, mendocino de cepa, es el goleador del torneo con 8 tantos.
- Esteban Fernández comanda las asistencias, con 3.
- Facundo Lencioni, Luciano Cingolani e Ignacio Sabatini completan el núcleo creativo del equipo.
- El plantel tiene un valor de mercado estimado en 16 millones de euros, una cifra modesta que se hace enorme cuando el equipo funciona.
Un DT de la casa y de la ruta
Yo lo miro a Franco y me acuerdo de esas cenas en lo de un amigo en Alta Córdoba, cuando alguien saca el tema Instituto y uno levanta la copa por los que se bancan los años bravos. Franco dirigió a la Gloria en dos etapas, conoce el Gigante como pocos, sabe lo que es transpirar la camiseta en un fútbol que no perdona. Y cuando dice que toma cosas de Bielsa, no lo hace como marketing ni como pose: lo dice porque lo vio de cerca, porque lo padeció, porque lo lleva tatuado en el libreto. Eso se nota en cómo su equipo presiona arriba, en cómo se posiciona cuando pierde el balón, en cómo ataca con cinco o seis jugadores y deja al rival ahogado en su propio campo.
Este viernes, el Lobo recibe a Defensa y Justicia. Otro examen, otra oportunidad para que Franco demuestre que la década en el ascenso no fue un castigo sino una escuela. Yo, si fuera hincha de Gimnasia, no le sacaría el ojo de encima: a veces los regresos más silenciosos son los que terminan haciendo más ruido. Y este muchacho, mirá, ya hizo mucho ruido.
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