Elizabeth Holmes ante la cámara: Nathan Fielder filma los 34 días previos a la cárcel y arma un documental que desconcierta a todos
El director de "The Rehearsal" sorprende en Telluride con una pieza de casi tres horas, rodada en secreto durante más de tres, sobre la fundadora de Theranos en la cuenta regresiva hacia la prisión.
Me imagino la butaca del Telluride todavía tibio cuando se apagaron las luces y arrancó You Can See Everything, y confieso que esa sola imagen me lleva rato en la cabeza: la sala llena, alguien que sabe que va a ver a Elizabeth Holmes en pantalla, y de golpe la pantalla la muestra cepillándose los dientes una mañana cualquiera, empaquetando un bolso, mirando el techo de una habitación cualquiera, todo eso con la cuenta regresiva de la cárcel corriendo de fondo como un reloj al que no se le puede tapar la cara.
Lo que se conoció en las últimas horas es que Nathan Fielder, el mismo de The Rehearsal de HBO, llegó al festival de cine de Telluride sin anuncio previo y presentó este documental que llevaba tres años y medio guardado bajo siete llaves. La pieza sigue a Holmes durante los 34 días anteriores a que empiece a que se reporte en prisión para cumplir la condena de once años que le impusieron por fraude, después de que su empresa Theranos prometiera revolucionar los análisis de sangre con unas pocas gotas y quedara demostrado que la promesa se sostenía sobre afirmaciones falsas. En el pico de la burbuja, a Holmes se la llegó a estimar un patrimonio de 9.000 millones de dólares.
Una intimidad filmada que se cocina a fuego lento
La sinopsis que distribuye la producción dice que la película empieza como un retrato íntimo de una figura enigmática y se va transformando, a lo largo de tres años de trabajo, en un viaje inclasificable hacia un abismo. Las primeras críticas coinciden en un punto que a mí me suena más como advertencia que como elogio: nadie sabe muy bien dónde meter la obra, y eso, tratándose de un documental sobre una de las caídas más comentadas del mundo tech, ya es toda una declaración de principios.
Hay algo que me llama la atención y quiero dejarlo por escrito antes de que se me pase: en The Rehearsal Fielder ya jugaba a empujar los límites entre lo real y lo preparado hasta un punto que volvía loco al espectador que intentaba separar lo que había pasado de lo que se había ensayado. Acá vuelve a hacer de las suyas, pero el partenaire no es un voluntario que se prestó a un experimento: es alguien que en pocas semanas deja de estar libre. Esa diferencia cambia el aire de la película, por más que el director no haya dado una sola pista sobre qué decidió mostrar y qué decidió callar, justamente porque el modo de trabajo de Fielder es no anunciar nada hasta que la obra está terminada, como ya quedó demostrado en sus proyectos anteriores.
Si tengo que poner las cartas sobre la mesa, lo que más me intriga de You Can See Everything no es solo el acceso descomunal que el equipo tuvo a Holmes en un momento tan delicado de su vida, sino la decisión consciente de dejar correr la cámara durante tres años y medio sin abrir el juego, esperando a que el material madure solo, como si la película pudiera escucharse a sí misma antes de que nadie la oyera. A mí, como televidente, eso me genera una mezcla de curiosidad y de cuidado que no me sacudo fácil, porque cuando se cruzan una condena firme, una protagonista con apellido pesado y un director al que le gusta difuminar la frontera entre lo que vemos y lo que se construyó para que lo veamos, lo más sensato es mirar la pantalla con las dos manos bien agarradas a la butaca.
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