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VIE, 16 OCT 2026
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El silencio del set y un mechero imaginario: así le arrancó Wes Craven lágrimas reales a Drew Barrymore en la escena más shocking de Scream

La muerte de Casey en los primeros minutos de Scream (1996) es una clase de manual sobre cómo construir terror. Pero detrás del aullido de Drew Barrymore hubo un truco del director que mezcló manipulación emocional con una decisión de marketing que cambió el género para siempre.

CM
Carla MontenegroCultura y espectáculos · · lectura 4 min
El silencio del set y un mechero imaginario: así le arrancó Wes Craven lágrimas reales a Drew Barrymore en la escena más shocking de Scream

Hay una imagen que se me viene a la cabeza cada vez que alguien me habla de la primera escena de Scream, y es la de un set de filmación en el que, según contaban los que estaban del otro lado de la puerta, se escuchaba a alguien gritar como si le arrancaran el alma. No era un grito de película de terror al uso, con ese registro calculado que uno aprende en los talleres de actuación. Era algo más desordenado, más animal, más roto. Julie Plec, que por entonces era asistente de Wes Craven, lo recordó años después con una frase que me parece que define el momento mejor que cualquier texto académico: Se oía a Drew gritar y aullar, y yo pensaba: ¿pero qué coño está pasando ahí dentro? Y era Wes, que la estaba animando.

Un truco que empieza la noche anterior al rodaje

Lo que pocos saben es que esas lágrimas no nacieron de un ejercicio de método ni de una indicación clásica de dirección. Nacieron de un recorte de diario. La noche previa a la filmación de la secuencia, Drew Barrymore leyó una noticia sobre el dueño de un perro que quemó vivo al animal, y la historia la dejó tan mal que al día siguiente todavía la estaba dando vueltas. Cuando se lo contó a Craven, el director vio la oportunidad perfecta: durante el rodaje, se le acercaba y le susurraba al oído Estoy encadiendo el mechero para devolverle la imagen a la cabeza y conseguir una reacción emocional genuina. La escena de Casey Becker, la chica que atiende el teléfono mientras ve una película sola en su casa, tenía que sentirse como una trampa que se cierra de a poco, y Craven necesitaba que el público oliera el miedo de verdad.

Yo siempre fui muy crítica con la idea de que un director apele a recursos de ese tipo para sacar una actuación, pero lo que cuenta Plec humaniza bastante la situación: no fue una jugada sádica, fue un director que detectó un estado emocional real en su actriz y lo puso al servicio de la escena. Craven ya había hecho algo parecido en trabajos anteriores, cuando entendía que el truco estaba en saber leer a la persona que tenía enfrente. Y Barrymore, hay que decirlo, fue una cómplice absoluta de la apuesta.

La otra capa del golpe: una campaña de prensa diseñada para engañar al público

La decisión de poner a Barrymore como cara visible de Scream no fue casual ni ingenua. Richard Potter, director de desarrollo de Dimension Films en ese momento, lo explicó con una claridad que a mí me sigue resultando escalofriante: Vas a ver el tráiler y los anuncios, y vas a estar seguro de que ella es la protagonista. Es imposible que muera. Cuando muera al final de esa secuencia, pensarás: cualquiera podría morir. Y eso fue exactamente lo que pasó. El público fue al cine convencido de que estaba viendo el arranque de una historia centrada en Barrymore, y a los doce minutos se encontró con un cadáver y con la certeza de que nadie estaba a salvo. La movida dialogaba, además, con un precedente que Craven no tenía problema en admitir: la muerte de Janet Leigh en Psicosis, que Hitchcock había usado cuarenta años antes para dinamitar las expectativas del espectador.

  • La escena de apertura de Scream dura aproximadamente doce minutos y termina con la muerte de Casey Becker, el personaje de Drew Barrymore.
  • El llanto de Barrymore fue provocado por una noticia real sobre crueldad animal que la actriz había leído la noche anterior.
  • Wes Craven usaba la frase Estoy encendiendo el mechero durante el rodaje para activar la emoción de la actriz.
  • Dimension Films diseñó una campaña de marketing que presentó a Barrymore como protagonista para potenciar el impacto de su muerte temprana.
  • La secuencia se convirtió en un caso de estudio sobre construcción de tensión y sorpresa, y se estudia como referencia del slasher moderno.

Treinta años después, la fórmula sigue dando lecciones

Lo que más me fascina, mirando todo esto en perspectiva, es que Scream funciona en dos niveles simultáneos que rara vez se dan juntos. Por un lado está la artesanía del set, el director que lee una nota periodística en la cabeza de su actriz y la usa como combustible. Por el otro, está la operación de marketing que engañó al público antes de que comprara la entrada. Las dos cosas se necesitaban mutuamente: sin las lágrimas reales, la muerte de Casey era un shock vacío; sin la campaña, el shock se diluía en una estructura más tradicional. Y cuando uno lo piensa fríamente, advierte que casi ninguna producción posterior del género se atrevió a ir tan lejos en ninguno de los dos frentes. Confieso que cada vez que alguien me dice que el cine de terror ya no se reinventa, me dan ganas de pasarle este capítulo de la historia de Scream y pedirle que mire de nuevo la cara de Barrymore cuando el teléfono empieza a sonar.

CM
Carla MontenegroCultura y espectáculos

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