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SÁB, 17 OCT 2026
Entretenimiento

"El mal hijo": la ópera prima de Jaime Lorente que empieza en la cocina de una abuela y se pierde en la ruta de la coca

El debut como director del actor español arranca como un drama familiar sensible y se desinfla cuando se calza el traje de thriller. Una película correcta, con buenas intenciones y algunas escenas que quedan, pero que no termina de encontrar su propia voz.

CM
Carla MontenegroCultura y espectáculos · · lectura 3 min
"El mal hijo": la ópera prima de Jaime Lorente que empieza en la cocina de una abuela y se pierde en la ruta de la coca

Lo primero que uno ve de "El mal hijo" es una puerta entreabierta. Desde ahí, como si fuéramos un chico más asomado a curiosear, vemos una ceremonia que no terminamos de entender, un mundo adulto que se intuye. Esa imagen inicial, casi robada, ya te dice cómo quiere respirar la película: con los ojos de un nene que todavía no entiende por qué su padre se fue. Y la película funciona cuando se queda ahí, en esa cocina de Murcia donde el protagonista, Rubén, termina criándose con su abuela, en una casa donde se habla poco y se quiere mucho.

Ese primer tramo tiene una calidez que da gusto. Se nota que Jaime Lorente, a quien el público argentino conoce sobre todo por su paso por "La casa de papel" y por "Élite" - justamente dos series que le dieron un lugar en el mapa iberoamericano -, quiso poner algo propio en su debut detrás de la cámara. Y algo hay: hay silencios bien administrados, hay una conversación entre chicos al anochecer que se queda pegada, hay un pulso narrativo que va a ritmo de patio de vecinos, no de persecución.

El problema empieza cuando Rubén crece

El gran giro del filme es un salto temporal que lleva al personaje a la vida adulta, y ahí la película cambia de género como quien cambia de canal. Del drama costumbrista pasamos al thriller de narcotráfico, con mafias, drogas y persecuciones incluidas. Y la verdad es que se nota el trago: la mirada se vuelve genérica, los planos se llenan de una tensión manufactured que ya vimos mil veces, y los personajes secundarios quedan reducidos a estampitas del cine negro más escolar.

Lo que se pierde en ese viraje es justamente lo que hacía interesante la primera parte: la singularidad. Esas escenas de infancia que Lorente filmaba con paciencia y sin apuro eran suyas. Las escenas de acción, en cambio, parecen sacadas de un manual: persecuciones, transacciones en galpones, amenazas con sobreentendidos. Y la inexperiencia se nota: a Lorente le cuesta sostener la tensión cuando los motores dejan de ser emocionales y pasan a ser mecánicos.

Una película honesta, pero a mitad de camino

"El mal hijo" no es un debut fallido, pero tampoco es un debut logrado del todo. Es, más bien, el retrato de un director que tiene oído para el detalle chico y la escena íntima, pero al que todavía le falta espalda para cargar un thriller de largo aliento. Hay trabajo honesto detrás de la cámara, y eso algo cuenta: se nota que no es un capricho de famoso, sino alguien que quiso contar una historia con herramientas propias.

Si me preguntan a mí, en lo personal, lo mejor que tiene la película es ese ambiente de patio murciano, de abuela que te cocina sin decirte que te quiere. Lo peor, es que en algún momento alguien le dijo a Lorente que para ser tomado en serio había que ir al thriller, y le creyó. Habrá tiempo de revisar ese impulso. Por ahora, queda la sensación de un debut con corazón, al que le faltó confiar un poco más en su propio instinto.

CM
Carla MontenegroCultura y espectáculos

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