Saltar al contenido
CBA AhoraCBA Ahora ⌕ Buscar
Dólar oficial $1.535,00 +0,33%Dólar blue $1.555,00 +0,65%Dólar MEP $1.542,50 +0,42%Riesgo país 648 pb +4,18%
SÁB, 17 OCT 2026
Entretenimiento

El llamado que frenó a Porcel: Graciela Alfano reconstruyó el episodio que la marcó en plena filmación

La actriz recordó un hecho ocurrido a fines de los años setenta durante una pausa de grabación y contó que el humorista se disculpó al día siguiente, después de que su padre hablara con él por teléfono. Su relato se suma al de Georgina Barbarossa, que habló de tocamientos y del resguardo que le dio Carmen Vallejo en los sets.

CM
Carla MontenegroCultura y espectáculos · · lectura 4 min
El llamado que frenó a Porcel: Graciela Alfano reconstruyó el episodio que la marcó en plena filmación

Me la imagino perfectamente: la pausa de filmación a fines de los años setenta, ese momento en que el estudio se llena de murmullos, de termos con café, de carcajadas que todavía huelen a escena recién rodada. En esa especie de burbubla cotidiana, Graciela Alfano asegura que Jorge Porcel se acercó a ella y, mientras relataba una de esas anécdotas de las que circulaban en los descansos, sacó la lengua y le dijo, mirándola fijo: "Mirá qué lengua tengo". El gesto y la frase la dejaron helada. La incomodidad, según reconstruyó la actriz, se acumuló durante varios episodios parecidos en esos breves paréntesis de camaradería.

Esa noche, lejos de quedarse callada, Alfano hizo lo que muchas veces las víctimas de estos maltratos sólo pueden hacer cuando todavía no existen los códigos que hoy conocemos: agarró el teléfono y llamó a su padre. Le contó lo que había pasado y le pidió que interviniera. Del otro lado, según su propio relato, el hombre no dudó: conocía a Porcel de años anteriores, cuando el humorista había recurrido a él para consultarlo sobre contratos y proyectos de televisión y cine. El padre de Alfano tenía, además, algo que ya le había dicho a su hija en privado: que tuviera cuidado con él.

Un llamado, una disculpa al otro día

La conversación telefónica entre los dos hombres existió, aunque naturalmente no podamos reconstruir qué se dijo del otro lado de la línea. Lo que Alfano relata con total claridad es lo que pasó después: al día siguiente, en el mismo estudio, Porcel se acercó a ella y le pidió disculpas. Para la actriz, el episodio se cerró así, con un gesto que ella valora como un reconocimiento, aunque nunca lo presentó como una confesión plena.

En su lectura de los hechos, Alfano describe algo que pinta de cuerpo entero cómo funcionaban esos sets de filmación: las idas y venidas de mujeres al camarín de Porcel en los estudios San Miguel. Ella aclara que nunca vio qué pasaba adentro, y se permite una observación que vale la pena escuchar con atención: varias de esas mujeres, dice, dependían de esos ingresos para mantener a sus familias. No las juzga. Las describe en el contexto económico real de la época, donde un papel en una película o un programa podía ser la diferencia entre llegar a fin de mes o no.

La voz de Georgina Barbarossa

Al testimonio de Alfano se le suma, con una crudeza que golpea, el de Georgina Barbarossa. La conductora contó que cuando era joven y estaba pasando apuros económicos, Porcel la tocó "de una manera espantosa" durante una grabación. Salió llorando hacia su camarín y, apenas pudo, le explicó lo que había pasado a Carmen Vallejo, una figura central en grabaciones. A partir de ahí, según su relato, Vallejo se convirtió en una especie de escudo: se quedaba junto a ella cada vez que le tocaba compartir plano con el humorista. No era un protocolo, no había un protocolo para esas cosas; era el cuidado concreto de una colega que decidía no mirar para otro lado.

Barbarossa también dijo algo que todavía hoy cuesta leer sin que se le apriete a uno el pecho: más adelante, empujada otra vez por la necesidad de plata, aceptó volver a participar en grabaciones con Porcel. Y el hostigamiento, asegura, continuó incluso durante su embarazo. Es un detalle que desnuda una dinámica de poder en la que la vulnerabilidad económica le impedía a la actriz decir que no, Plant Plant una y otra vez.

  • El padre de Graciela Alfano, que conocía a Porcel y habló con él por teléfono después del episodio en los años setenta.
  • Carmen Vallejo, presente en los sets, que permanecía junto a Barbarossa en las escenas con el humorista.
  • Las propias protagonistas, que con el tiempo pudieron poner en palabras públicas lo que vivieron en silencio durante décadas.

Si algo me queda dando vueltas después de escuchar estos dos relatos es una pregunta incómoda, que no quiero esquivar: cuántos casos parecidos se resolvieron gracias a un llamado, a una colega que se quedaba cerca, a una red familiar que podía tender un cable. Y cuántos, en cambio, no tuvieron ninguno de esos respaldos. Cuando la víctima depende del agresor para pagar el alquiler, el abanico de salidas se achica hasta volverse invisible. Por eso me parece valioso que tanto Alfano como Barbarossa hayan elegido contar hoy, con nombre y apellido, cómo se las acompañó en aquel momento. No alcanza, claro, para reparar lo que se rompió. Pero sí sirve para entender, en tiempos donde estos están en el centro de la conversación, que el acompañamiento concreto de una sola persona puede ser la diferencia entre un silencio eterno y un mañana distinto.

CM
Carla MontenegroCultura y espectáculos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo

Viajar en el tiempo