De acampar en Neuquén a empresario gastronómico: la historia de Ezequiel Banegas, el cocinero que arrancó con dos hornallas
Llegó desde Azul sin dinero ni techo, sobrevivió en un refugio, aprendió a cocinar en una cocina mínima y construyó una clientela de 500 personas. A los 36, abre La Fonda en el barrio Mariano Moreno.
A los 33 años y sin un peso en el bolsillo, Ezequiel Banegas dejó Azul, en el centro de la provincia de Buenos Aires, y viajó a dedo hasta Neuquén durante dos jornadas. Era febrero de 2024 y, según fuentes judiciales consultadas por este medio, llegó a la capital neuquina apenas con la ropa puesta y sin un techo donde pasar la noche. Las primeras jornadas las pasó a la intemperie, hasta que un vecino le tendió una mano: le acercó una carpa, una almohada y un acolchado.
Un refugio como punto de inflexión
La carpa le permitió ganar tiempo mientras buscaba trabajo. Poco después encontró lugar en un refugio ubicado en la calle Belgrano al 2500, donde recibió acompañamiento para reordenar su vida cotidiana. Banegas, identificado con las iniciales E.B., reconoció que esa etapa fue determinante para su reinserción: la contención que recibió le permitió proyectar un futuro que hasta entonces aparecía como difuso.
El primer ingreso estable llegó en el área de mantenimiento de una empresa de logística. Más tarde se incorporó a un corralón en Cipolletti, donde se desempeñó primero como vendedor y luego como jefe de ventas. Esa experiencia, según relataron fuentes del entorno, le aportó herramientas de gestión y atención al cliente que después aplicaría en su emprendimiento gastronómico.
La cocina como salida laboral
Con apenas dos hornallas, un horno que no funcionaba y una heladera pequeña, Banegas comenzó a preparar tortas fritas, chipá y bolas de fraile para vender en el Paseo de la Costa de Neuquén. La demanda creció de forma sostenida y, a partir de los pedidos, fue incorporando nuevos productos: pizzas, empanadas y hamburguesas, entre otros.
- Tortas fritas, chipá y bolas de fraile: los primeros productos que ofreció en el Paseo de la Costa.
- Pizzas, empanadas y hamburguesas: las incorporaciones que llegaron con el aumento de la demanda.
- Instagram como vidriera: pasó de 15 seguidores a cerca de mil en poco más de un año.
- Una clientela de 500 personas como base para sostener la apertura del local propio.
La Fonda: el local propio
Durante un año, el cocinero reservó parte de sus ingresos para poder financiar un local. El espacio elegido está a metros de su domicilio, en la intersección de Mitre y Correntoso, en el barrio Mariano Moreno. Lo bautizó La Fonda y abrirá sus puertas de lunes a domingo, excepto los martes, en dos turnos: mediodía, de 12 a 15, y noche, de 20 a 23.30.
La carta incluirá hamburguesas, lomos, empanadas, pizzas, tartas y burritos. Más adelante, según adelantaron fuentes vinculadas al emprendimiento, proyecta sumar un menú diario al mediodía con opciones accesibles. La próxima instancia, según confirmaron fuentes judiciales, será la apertura formal del local, prevista para los próximos días.
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