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VIE, 16 OCT 2026
Vida

Cuando el rencor se queda a vivir adentro: lo que le hace al cuerpo sostener una ofensa por años

Presión alta, insomnio, inflamación silenciosa y un cansancio que no se explica por el esfuerzo físico. Especialistas consultados por este portal coinciden en que el cuerpo paga una factura que nadie le pidió, mientras la mente vuelve una y otra vez sobre el mismo agravio.

CM
Carla MontenegroCultura y espectáculos · · lectura 3 min
Cuando el rencor se queda a vivir adentro: lo que le hace al cuerpo sostener una ofensa por años

Uno se imagina el rencor como algo que vive en la cabeza, instalado en un rincón al que uno no quiere entrar. Pero la verdad es que ese rincón tiene paredes de músculo, arterias y hormonas, y cuando la ofensa se queda demasiado tiempo, empieza a agujerear todo desde adentro. No es una metáfora: el cuerpo interpreta el recuerdo del agravio como si la amenaza siguiera siendo presente, y responde igual que ante un peligro real. La diferencia con la bronca de un domingo a la noche es que la bronca se va, y el rencor, si nadie lo trabaja, se queda a vivir.

El cuerpo se pone en alerta aunque no haya peligro

A diferencia de la bronca puntual, que aparece con fuerza y se disipa, el rencor implica volver mentalmente sobre la ofensa una y otra vez, con una intensidad que no baja con el tiempo. Puede durar años, incluso décadas, y su origen puede ser una traición, una injusticia laboral, una ruptura o un conflicto familiar. El primer efecto se registra en el sistema cardiovascular: la presión arterial sube de forma crónica y la frecuencia cardíaca se acelera incluso en reposo. El organismo interpreta el recuerdo como una amenaza activa y dispara los mismos circuitos de alarma que encendería frente a un peligro real. Ese estado de alerta repetido aumenta el riesgo de enfermedad coronaria, como si el corazón estuviera corriendo una maratón que nunca termina.

Una lista de daños que se acumulan en silencio

  • Presión arterial elevada de manera sostenida y frecuencia cardíaca acelerada en reposo, con mayor riesgo coronario.
  • Cortisol alto durante más tiempo del necesario, lo que altera el sueño, favorece la grasa abdominal y reduce la sensibilidad a la insulina.
  • Defensas inmunológicas bajas e inflamación crónica de bajo grado, un proceso silencioso vinculado a enfermedades de distinto tipo.
  • Rigidez acumulada en cuello, mandíbula y espalda que no cede con el descanso y suele terminar en cefaleas tensionales sin causa médica aparente.
  • Malestar digestivo recurrente, porque el eje intestino-cerebro es especialmente sensible al estado emocional.
  • Fatiga persistente que no se explica por el esfuerzo físico, sino por sostener sin pausa una respuesta de emergencia diseñada para ser breve.
“El cuerpo que paga la factura es siempre el propio.”Norberto Abdala, psiquiatra, especialista en psiconeuroendocrinología

El psiquiatra Norberto Abdala, especialista en psiconeuroendocrinología, precisa que no hay evidencia sólida para atribuir al rencor una enfermedad específica, pero sí para decir que mantiene activados mecanismos perjudiciales para el organismo de forma sostenida. En una entrevista con este portal fue categórico: "el cuerpo que paga la factura es siempre el propio". La frase, simple, sirve como mapa de todo lo que viene después: cuando uno cree que está castigando a quien lo ofendió, en realidad le está pasando la cuenta a su propio corazón, a su propio estómago, a sus propias noches de insomnio.

Lo que se puede hacer

Trabajar el rencor no significa obligarse a perdonar como si fuera un trámite, ni fingir que nada pasó. Significa, en el fondo, dejar de sostener una emergencia que ya no existe. Hablarlo con alguien de confianza, consultar a un profesional, escribirlo, entender qué dice de uno mismo esa herida que no cierra: todo eso ayuda a bajar el cortisol y a desactivar, de a poco, esa alarma que el cuerpo mantiene encendida por nada. Cuidarse, en este tema, no es un lujo ni una frase de libro de autoayuda: es una decisión médica.

Yo creo que cada uno sabe, en algún lugar callado, a qué ofensa le sigue rindiendo cuentas sin saber por qué. A mí, escribir esta nota me sirvió para entender algo: que el rencor no se gasta con el tiempo, se acumula. Y que mientras uno cree que está esperando el momento justo para cobrar, el cuerpo ya viene pagando intereses hace rato. La buena noticia es que la factura se puede suspender. Y eso, créanme, no es poca cosa.

CM
Carla MontenegroCultura y espectáculos

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