Croquetas de calabaza y queso gouda: la receta sin bechamel que se arma en la sartén de tu casa
La calabaza se cocina al microondas y se aplasta directo en la sartén con cebolleta, ajo y parmesano. El relleno, un dado de gouda que se derrite al freír. Una alternativa otoñal, barata y rendidora para la cena o la picada del sábado.
Si andás buscando una receta distinta para la cena de esta semana, te propongo parar la olla y mirar qué tenés en la heladera. Porque estas croquetas de calabaza y queso se arman sin bechamel, sin harina y sin manteca, y el resultado es tan rendidor que da gusto ver la fuente en la mesa. En casa las probé un martes cualquiera y al rato ya estaba mandándole fotos a mis amigas por WhatsApp, porque salen croquetitas doradas, con el centro cremoso y ese gusto suave que tiene la calabaza cuando la cocinás bien.
Cómo se hace la masa, paso a paso
La base no lleva ni una gota de crema: es puro puré de calabaza cocida en el microondas unos diez minutos, hasta que la pulpa cede con la cuchara. Esa pulpa se vuelca directo en una sartén con cebolleta y ajo rehogados en aceite, y se aplasta ahí mismo hasta conseguir un puré parejo, sin grumos.
Después vienen dos cucharadas de queso parmesano en polvo, sal y pimienta, revolvés bien y apagás el fuego. El parmesano hace doble trabajo: le da sabor y ayuda a compactar la masa sin endurecerla. El paso clave, y acá te lo digo con la mano en el corazón, es dejarla enfriar por completo antes de tocar nada. Si intentás armar las croquetas con la masa tibia, se te desarman en las manos y terminás frustrada con la cocina hecha un desastre.
El relleno, el rebozado y la fritura
Para dar forma a cada unidad, tomás una porción de masa, le hacés un huequito en el centro y metés un dado de queso gouda. Cerrás bien, asegurándote de que el queso quede bien envuelto, porque si asoma por algún lado se escapa al freír. Y acá viene el truco que salva la preparación: el doble rebozado. Pan rallado, huevo batido y pan rallado otra vez. Esa doble capa es lo que sostiene una masa tan blanda como esta y la deja dorada pareja en el aceite.
- La fritura se hace en aceite abundante y bien caliente, por tandas, sin apilar las croquetas.
- Cuando salen doradas, se llevan a papel absorbente para que escurran el exceso de grasa.
- Servilas como aperitivo o como cena liviana con una ensalada de hojas verdes al lado.
El precio de referencia es muy amigable: con una calabaza chica, un trozo de gouda, un huevo y lo que ya tengás en la alacena salen entre quince y veinte croquetas, por poco más de dos mil pesos argentinos en cualquier verdulería del AMBA. Para llegar a esta receta, lo único que necesitás es un microondas y una sartén amplia: nada de batidora, nada de horno, nada raro.
Si querés probar una alternativa menos conocida, podés reemplazar la calabaza por zapallo anco o incluso por boniato, que en otoño están a buen precio y le dan una vuelta más dulzona al plato. El queso gouda, a su vez, admite cualquier variedad semidura que funda bien: provolone, fontina o incluso un buen queso sardo de la quesería del barrio.
La mejor época para ir a esta receta sin dudarlo es el otoño, cuando la calabaza está en su punto justo, barata y sabrosa en cualquier verdulería de Buenos Aires. Ahora bien, si te cruza un antojo en pleno julio, no le hagas caso al calendario y metete en la cocina igual: con un buen horno y un poquito de paciencia, estas croquetas salen bien cualquier día del año.
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