Caminar no alcanza: la rutina de fuerza que Ellen Burstyn defiende a los 93 años
La actriz estadounidense sostiene que los paseos diarios con su perro y el gimnasio se complementan, y los especialistas coinciden en que el trabajo de fuerza y equilibrio es clave para evitar caídas y sostener la autonomía en la vejez. Qué dicen los expertos y qué ejercicios recomiendan.
A sus 93 años, Ellen Burstyn camina con su perro varias mañanas por semana, concurre al gimnasio y entrena con un preparador físico. Esa combinación, que la actriz describió en recientes entrevistas, volvió a instalar una pregunta frecuente entre los adultos mayores: ¿alcanza con caminar o hace falta sumar algo más? La respuesta que repiten los especialistas consultados es que ambas prácticas cumplen funciones distintas y que, después de cierta edad, el trabajo de fuerza y equilibrio se vuelve tan importante como el movimiento aeróbico.
Lo que hace y lo que le pasa a Burstyn
"Camino todos los días, hago ejercicio en el gimnasio y me cuido", contó la actriz, reconocida por papeles en films como El exorcista y Alice ya no vive aquí. Su rutina, sin embargo, convive con dos fracturas previas de muñeca, el uso de una férula en una mano y un diagnóstico de artritis, situaciones que los profesionales remarcan como señales de alerta antes de imitar cualquier plan de entrenamiento sin ajustes.
Esos antecedentes impiden tomar sus hábitos como una receta que cualquier persona pueda repetir sin más. Quienes hayan sufrido lesiones, tengan dolores persistentes, enfermedades crónicas o dificultades para mantener el equilibrio necesitan asesoramiento antes de empezar a trabajar la fuerza, coincidieron fuentes médicas consultadas por este medio. Esa consulta puede hacerse con el médico de cabecera, un kinesiólogo o un profesional capacitado en ejercicio físico.
Por qué la fuerza importa más de lo que parece
Matthew Kampert, especialista en medicina deportiva y responsable del Programa de Medicina del Estilo de Vida de la Cleveland Clinic, explicó que fortalecer los glúteos y los músculos del core favorece la estabilidad cotidiana y puede contribuir a que los adultos mayores sufran menos caídas. Se trata de acciones tan simples como ponerse de pie de una silla, subir una vereda o sostenerse ante un tropiezo: gestos que, con el paso de los años, dependen menos del corazón y los pulmones y más de la masa muscular y el equilibrio.
“Fortalecer los glúteos favorece la estabilidad cotidiana y puede ayudar a que los adultos mayores sufran menos caídas.”Matthew Kampert, especialista en medicina deportiva (Cleveland Clinic)
Un circuito breve para complementar las caminatas
El entrenador Álvaro Puche propuso sumar a los paseos diarios un circuito breve de resistencia que dura entre tres y cuatro minutos, con una frecuencia sugerida de tres veces por semana. La rutina, adaptable a cada persona, incluye cuatro ejercicios pensados para trabajarse en casa o en un gimnasio, siempre con un apoyo estable y seguro.
- Ponerse de pie desde una silla sin ayuda de las manos, para trabajar piernas y glúteos.
- Elevar los talones parado, con o sin apoyo, para fortalecer tobillos y pantorrillas.
- Realizar remos con una banda elástica, para activar la espalda y mejorar la postura.
- Hacer flexiones inclinadas contra una superficie firme y que no resbale, para entrenar pecho y brazos.
La ejecución necesita adaptarse a cada cuerpo. La altura del asiento, los puntos de apoyo, el recorrido del movimiento y la carga utilizada pueden modificarse según las posibilidades de quien entrena. Los especialistas remarcan que la técnica y la seguridad tienen prioridad por encima de la cantidad de repeticiones o la velocidad con que se hagan los ejercicios.
Una vida en movimiento, dentro y fuera del gimnasio
Burstyn empezó a modificar sus hábitos cerca de los 40 años. Mantiene una alimentación vegetariana, dejó el alcohol y el cigarrillo y, ya instalada en los 90, sigue trabajando, leyendo, recibiendo visitas y concurriendo a recitales. El movimiento ocupa un lugar dentro de esa vida cotidiana, junto con los vínculos y la curiosidad, y no como una obligación aislada. En su propia lectura, moverse todos los días es apenas una de las patas que sostienen una longevidad activa, y por eso cada mañana, con su perro de la correa en la mano, vuelve a empezar.
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