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VIE, 16 OCT 2026
Tecnología

¿Bill Gates quiere ser el bombero y el que tira la bomba? El plan del fundador de Microsoft para vigilar a la inteligencia artificial desde un ente global

El cofundador de Microsoft propone crear un organismo supranacional con facultades para auditar sistemas de IA, inspirado en los regímenes de inspección nuclear, la aviación civil y los acuerdos que frenaron el deterioro de la capa de ozono. También impulsa un encuentro con Xi Jinping para coordinar restricciones con China.

AT
Agustín TisseraTecnología · · lectura 3 min
¿Bill Gates quiere ser el bombero y el que tira la bomba? El plan del fundador de Microsoft para vigilar a la inteligencia artificial desde un ente global

¿A alguien le sorprende que el mismo que amasó una fortuna con el software ahora quiera regular a las empresas que vienen a disputarle el negocio? Sigo. Bill Gates publicó esta semana un documento donde propone la creación de un organismo supranacional que audite sistemas de inteligencia artificial. La idea toma tres modelos que ya funcionan: el régimen de inspecciones nucleares, los estándares de seguridad de la aviación civil y los acuerdos internacionales que frenaron el deterioro de la capa de ozono. O sea, apelar a lo que el mundo ya aprendió a controlar para meterle el marco a algo que todavía no regulamos en serio.

El detalle clave es que Gates no dijo si hay que ampliar la OIEA (o sea, el Organismo Internacional de Energía Atómica, esos que controlan las centrales nucleares desde Viena), si conviene crear un ente nuevo inspirado en la OACI (la Organización de Aviación Civil Internacional, la que dicta las normas de seguridad aérea que seguimos todos los vuelos comerciales) o si se adapta algo tipo Protocolo de Montreal (el acuerdo que en los 80 prohibió los aerosoles con CFC que agujereaban la capa de ozono). Dejó la pregunta abierta, pero dejó claro un punto: sin Estados Unidos y China sentados en la misma mesa, el organismo es un sello de goma.

¿Qué propone concretamente y dónde están los límites?

  • Vigilancia centrada en usos de alto riesgo, como sistemas capaces de diseñar moléculas o de facilitar ataques biológicos. No se trata de frenar la industria entera: las aplicaciones médicas y científicas quedarían afuera del foco principal.
  • Impuesto a los ingresos de las empresas que reemplacen trabajadores con resultados generados por IA, con el objetivo de financiar redes de protección social.
  • Reservar hasta el 40 por ciento de los puestos de trabajo actuales para personas, en sectores donde el vínculo humano sea irreemplazable. Gates usó como ejemplo la atención que recibió su padre durante su enfermedad de Alzheimer.
  • Una arquitectura de supervisión con dientes: auditorías, estándares comunes y cooperación entre potencias.
“El mundo entero se sumaría a esa iniciativa.”Bill Gates

Ahora bien, no nos engañemos. Gates propone un mundo donde la IA se audita como una central nuclear. Pero también es parte de la industria que quiere regular. Algo así como pedirle al que fabricó la pizza que controle la cantidad de mozzarella que llevan las demás pizzerías de Córdoba Capital. El propio fundador lo dijo, con todas las letras: "Es positivo que algunas empresas de IA estén proponiendo soluciones a los desafíos provocados por su propia tecnología, pero no deberíamos esperar que sean ellas quienes lideren el proceso".

¿Y qué papel juega China en todo esto?

El equipo de Gates trabaja para cerrar un encuentro con Xi Jinping, previsto de manera provisional para noviembre. La jugada es clara: si Estados Unidos toma primero la iniciativa para restringir ciertos modelos, China podría copiarse y, según Gates, "el mundo entero se sumaría a esa iniciativa". El encuentro todavía no está confirmado. Pero marca el tono: la cooperación entre las dos potencias se vuelve condición necesaria para cualquier arquitectura global. Y acá aparece un detalle que muchos miran de reojo: la idea incluye restricciones sobre los modelos con capacidad de diseñar agentes biológicos. Es decir, IA que pueda ayudar a alguien a sintetizar compuestos peligrosos. Ese punto es el que más complica la conversación, porque pone en juego no solo la competencia comercial entre Washington y Beijing, sino también la seguridad biológica global.

Lo que queda flotando es la pregunta incómoda que el propio Gates reconoció con franqueza: la autorregulación no alcanza. Las empresas pueden proponer, pero no pueden ser juez y parte. Y acá se abre un debate que nos toca a todos, no solo a los gobiernos ni a Silicon Valley: ¿estamos dispuestos a aceptar un organismo internacional con poder de auditar sistemas de IA, o vamos a dejar que cada país haga la suya mientras las grandes tecnológicas marcan el ritmo? Gates dejó la pelota picando. Veremos, che.

AT
Agustín TisseraTecnología

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