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VIE, 16 OCT 2026
Entretenimiento

Aventura, arena y un sacerdote maldito: la primera Momia que conquistó al público

A 26 años de su estreno, la película de Stephen Sommers sigue siendo la puerta de entrada a una trilogía que mezcló acción, terror y romance con Brendan Fraser y Rachel Weisz como dupla inolvidable.

CM
Carla MontenegroCultura y espectáculos · · lectura 3 min
Aventura, arena y un sacerdote maldito: la primera Momia que conquistó al público

Imaginate la pantalla en penumbras, una duna que se mueve como si respirara y, de pronto, una sombra envuelta en vendas que se arrastra fuera de la tierra. Esa imagen, que todavía hoy se me aparece cada vez que alguien pronuncia la palabra "momia" en una sala de cine, fue la que millones de espectadores recibimos en 1999, cuando Stephen Sommers decidió desempolvar al monstruo clásico de Universal y meterlo dentro de una aventura a la antigua usanza. El resultado fue La momia, la película que reunió a Brendan Fraser y Rachel Weisz y que terminó abriendo una trilogía que se extendió durante casi una década.

La historia arranca con una expedición a las ruinas de Hamunaptra, la Ciudad de los Muertos, a la que llegan el aventurero Rick O'Connell, con el desparpajo y la mala suerte habituales de Fraser, y la egiptóloga Evelyn Carnahan, una Rachel Weisz que se luce con esos ojos enormes y una torpeza encantadora. Los dos están buscando vestigios desconocidos y, sin querer, terminan abriendo la tumba de Imhotep, un sacerdote caído en desgracia sobre el que pesa una maldición milenaria. Su regreso como momia es lo que transforma una expedición académica en una carrera contra el apocalipsis, con escenas que mezclan arenas movedizas, plagas de escarabajos, libros que cobran vida y un romance que se cocina a los tropezones entre Rick y Evelyn.

Una trilogía con continuidad

El éxito de la primera entrega fue tan grande que la Universal no dudó en darle continuidad. En 2001 llegó El regreso de la momia, donde Sommers volvió a ponerse detrás de cámara y repitió la fórmula con los mismos protagonistas, esta vez con el Dardo de Ra y un Imhotep que regresaba dispuesto a vengarse del mundo. La saga se cerró en 2008 con La momia: La tumba del emperador Dragón, que cambió de elenco (Fraser y Weisz fueron reemplazados por Maria Bello y Luke Ford), de director (Rob Cohen tomó la posta) y de geografía, llevando la acción a la China imperial con Jet Li como el villano de turno. Tres películas que, miradas en conjunto, permiten ver la evolución de una franquicia que intentó renovarse sin perder la esencia aventura-terror-romance que la había hecho funcionar.

Antes de este papel, Brendan Fraser ya había demostrado su timing cómico en títulos como George, el curioso y La mosca II, pero fue La momia la que lo instaló definitivamente como el rey de la aventura noventosa: un tipo grandote, algo torpe, con un corazón enorme y una capacidad para las escenas de acción que todavía hoy es recordada. Rachel Weisz, por su parte, venía de films independientes como La Amiga y Cadena de favores, y su Evelyn fue la que le dio ese perfil de heroína intelectual con la que el público empatizó de inmediato. Sommers, que ya había dirigido Huckleberry Finn y The Jungle Book en sus versiones animadas, encontró en este proyecto su gran hit comercial, con más de 415 millones de dólares de recaudación en todo el mundo.

Si te gusta el cine de aventuras con monstruos que dan miedo pero no tanto, con heroes que se lastiman cada cinco minutos y con romances que nacen entre peleas y polvorientos, La momia es de esas películas que invitan a acomodarse en el sillón con pochoclos y dejarse llevar. A mí, que la vi en su momento en el cine y después la revisé en VHS y en DVD, me sigue pareciendo una de las mejores muestras de cómo mezclar géneros sin que la cosa se vuelva un rejunte. Es, en definitiva, una carta de amor al cine de aventuras clásico, actualizada con el humor y el ritmo de los noventa. Y cada vez que arranca la música de Jerry Goldsmith, uno no puede evitar sonreír: sabe que vienen arena, sarcófagos y una historia que, pese a los años, no ha perdido ni un gramo de su magia.

CM
Carla MontenegroCultura y espectáculos

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