Aftas en la boca: la señal que no conviene pasar por alto y cuándo tocar la puerta del consultorio
Una llaga bucal suele irse sola en una o dos semanas. Pero hay cuatro señales claras para no hacerse el distraído y llamar al odontólogo o al médico.
Todos, alguna vez, sentimos esa punzada en la lengua o en la cara interna del cachete que arruina el primer bocado del asado. Las aftas son heridas dolorosas que aparecen dentro de la boca, no se contagian y afectan a cerca de una cuarta parte de la gente a lo largo de la vida. En la enorme mayoría de los casos se resuelven solas, sin tratamiento, en una o dos semanas. Eso dicen el Instituto Nacional de Investigación Dental y Craneofacial de Estados Unidos y la Clínica Mayo, las dos fuentes que respaldan esta nota.
Por qué aparecen
Morderse sin querer, cepillarse como si estuviera fregando el piso de la cocina, el roce de un aparato de ortodoncia o de una prótesis mal puesta, o el borde filoso de una muela rota. También suman los alimentos ácidos, picantes o salados, que irritan la zona y alargan la molestia. Identificar y corregir el factor que las dispara —suavizar el cepillado, ajustar el aparato, limar el filo— baja las chances de que vuelvan.
- Dura más de dos semanas sin mejorar.
- Vuelve de forma repetida, una y otra vez.
- Es inusualmente grande.
- Aparece una nueva antes de que cicatrice la anterior.
- El dolor no se controla, impide comer o beber, o se acompaña de fiebre.
Cuándo no conviene hacerse el guapo
La Clínica Mayo recomienda consultar en cualquiera de las situaciones de la lista de arriba. Una afta aislada no es motivo de alarma. Pero una que se repite como el gol de visitante puede estar diciendo algo más: niveles bajos de hierro, zinc, ácido fólico o vitamina B12, siempre según la clínica estadounidense. Eso no significa que cualquiera con llagas frecuentes tenga un déficit ni que haya que salir a comprar suplementos por las dudas —eso lo decide el profesional, con historia clínica y análisis mediante.
Una revisión publicada en el repositorio científico PMC, además, advierte que antes de cargar la mochila del diagnóstico de aftas recurrentes hay que descartar otras causas. Por eso, en episodios que se repiten, la evaluación incluye mirar qué pasa tanto adentro como afuera de la boca. La consulta, entonces, no es un trámite: es la forma de sacarse la duda y, sobre todo, de evitar que algo más serio quede tapado por una llaga que, a primera vista, parece tontera.
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