Adiós a los falsos DEA: Apple TV le baja la persiana a “Ladrones de drogas” después de apenas una temporada
Lo que arrancó como una apuesta fresca de suspenso criminal con Brian Tyree Henry y Wagner Moura termina convertida en otra víctima de la poda streaming: la plataforma no renovó la serie y la historia de Ray y Manny se quedará, por ahora, sin continuación.
Lo imagino así: una mesa larga en algún salón del Italian Global Series 2026, con copas de vino y pantallas de fondo donde destella el logo de Scott Free Productions, y a David W. Zucker tomando el micrófono para confirmar lo que muchos ya sospechaban. No hubo drama, ni un comunicado con bombos y platillos: el productor ejecutivo y director de operaciones de la productora de Ridley Scott se sentó frente al público y, con la franqueza que suelenpermitirse los ejecutivos cuando la industria los mira de cerca, reconoció que Apple TV no piensa avanzar con nuevos capítulos de Ladrones de drogas, la ficción criminal que había conseguido un envidiable 86 por ciento de aprobación en Rotten Tomatoes y hasta una tercera nominación al Emmy para su protagonista, Brian Tyree Henry.
Una puerta que se cerró con doble llave
Lo más interesante de las palabras de Zucker, al menos para quienes seguimos series con devotion de, es la confirmación de que la serie nunca estuvo atada a un solo formato. Cuando Peter Craig —el mismo guionista que se sentó a escribir Gladiator II— adaptó la novela homónima de Dennis Tafoya, lo hizo pensando en una ficción elástica: podía terminar como una miniserie cerrada, prolija, con su inicio y su desenlace, o podía estirarse hacia una segunda e incluso una tercera temporada si la plataforma lo decidía. La puerta quedó abierta. Pero del otro lado, en Cupertino, nadie la empujó.
Y eso duele, porque la historia tenía una idea central brillante, de esas que uno descubre y piensa: cómo no se le ocurrió a nadie antes. Ray y Manny son dos amigos de la infancia en Filadelfia que la vienen peleando con la plata, dos pibes cualquiera que un día deciden reinventarse como agentes de la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos —la DEA, vaya uno a saber por qué suena tan cinematográfica esa sigla— con el objetivo de desvalijar a narcotraficantes haciéndose pasar por federales. Lo que empieza como un golpe puntual se les va de las manos cuando se topan con una conspiración criminal de dimensiones mucho mayores a las que habían imaginado en el living de su casa.
Un elenco que había encendido la mecha
El motor emocional de la serie fue, sin duda, la dupla protagónica. Brian Tyree Henry, a quien el público masivo había conocido en Atlanta como Paper Boi, demostró que su registro dramático podía estirarse hacia el suspenso sin perder un gramo de humanidad, y Wagner Moura —el mismo actor que le puso el cuerpo y la mirada a Pablo Escobar en Narcos— trajo esa densidad tranquila que tienen los personajes que cargan la mochila del barrio encima. Los dos funcionando juntos eran, probablemente, lo mejor que tenía la propuesta, y el reconocimiento de la crítica así lo sugirió.
Me queda, como siempre que una serie joven se queda en el umbral de su segunda temporada, una sensación agridulce. Por un lado, celebro que se pueda contar una historia pensada para no estirarse hasta el infinito, como tantas otras que sobreviven muertos vivientes narrativos hasta que nadie las recuerda. Por el otro, me enoja un poco que sea el espectador —pagador, miembro de la familia digital de la plataforma— el que termine pagando los platos rotos de decisiones que se toman en pisos altos donde, seguramente, nadie vio la serie entera. Ladrones de drogas merecía, al menos, el beneficio de la duda. Pero bueno: así es el streaming hoy, y uno aprende a despedirse antes de encariñarse.
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