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SÁB, 17 OCT 2026
Entretenimiento

Adiós a la Oveja que le dio tiempo y tambores a la cumbia santafesina

Ricardo Stec murió a los 66 años y dejó una huella invisible pero decisiva en la historia del género: fue percusionista de Los Palmeras durante uno de los períodos más fértiles de la banda y pasó por casi una decena de conjuntos a lo largo de cuatro décadas.

CM
Carla MontenegroCultura y espectáculos · · lectura 3 min
Adiós a la Oveja que le dio tiempo y tambores a la cumbia santafesina

Vuelvo a pensar en esas noches de baile santafesino donde la primera percusión que entra en escena no es la del cantante sino la de un tipo que, parado detrás de los bombos, va armando el clima con paciencia de relojero. Imagino a Ricardo "Oveja" Stec haciendo exactamente eso, en una de esas fiestas de barrio donde la cumbia se prueba con el cuerpo antes que con la cabeza. Esa imagen me sirve ahora para despedirlo, porque el hombre que murió el 2 de septiembre a los 66 años fue, antes que nada, un constructor silencioso del ritmo que une a varias generaciones de argentinos.

Su historia arranca a comienzos de los años ochenta, cuando empezó a circular por distintas formaciones del género hasta desembarcar en Los Palmeras, la agrupación fundada por Rubén "Cacho" Deicas y Marcos Camino. Entre 1988 y 1992 integró la batería del grupo y dejó su marca en cinco discos que coinciden con una etapa de consolidación clave: "Loquito por ti" (1988), "Sus amigos" (1989), "Rumor de cumbia" (1990), "Chiquita pero buena" (1990) y "Boquita azucarada" (1991). Son títulos que suenan solos en la memoria de cualquiera que haya pisado una fiesta popular en los últimos treinta años.

Una vida repartida entre colectivos y tumbadoras

Antes y después de su paso por Los Palmeras, Stec se sentó detrás de las tumbadoras en una lista larga de conjuntos que hablan del circuito real de la cumbia santafesina. Estuvo en Yuli y Los Girasoles, Los Crisoles, Los Libres, Los Lamas, Los Súper de Santa Fe, RMG y Los del Bohío, donde llegó a registrar el disco "Los preferidos del ritmo caliente". Esa trayectoria, tejida con nombres que el público masivo tal vez no recuerde pero la calle sí, lo pinta de cuerpo entero: un músico que eligió sostener el género desde adentro, sin pelearse nunca por el centro del escenario.

Lo que menos se conoce de su biografía es una segunda jornada laboral que llevó adelante durante años: fue chofer de colectivos. Dos vidas paralelas que, lejos de contradecirse, terminan de explicar a un tipo que sostuvo su amor por el ritmo sin convertirlo en una bandera personal ni en un sello propio. La música como oficio compartido, el colectivo como manera de ganarse el pan. Esa mezcla resume a una camada entera de músicos de la región que nunca aparecen en la tapa de la revista pero sin los cuales el baile se cae.

“Hoy nos toca despedir a otro de nuestros históricos miembros. Gracias por tantos momentos compartidos y toda tu música. Que en paz descanses querido amigo Ricardo "Oveja" Stec. Te saludan hoy y siempre tus amigos Los Palmeras.”Los Palmeras, en sus redes sociales

El saludo de Los del Bohío y el duelo compartido

Desde Los del Bohío también se hicieron eco de la partida con un mensaje que respeta el tono del género: "Hoy se va un pedazo de aquella historia. Quedan su alegría, su música, las anécdotas y el recuerdo de quienes tuvimos la suerte de conocerlo". En pocas líneas queda dicho lo que muchos músicos sienten cuando se va un compañero de ruta: que la pérdida no es solo de un nombre, sino de una etapa irrepetible del sonido santafesino.

Mientras se acomodaban los papeles de la despedida, lo que más me quedó dando vueltas es la idea de esos músicos que no buscan el destello sino el sostenimiento. Stec fue uno de ellos: cuatro décadas tocando para que otros pudieran cantar, discos enteros firmados desde la sección de percusión y un oficio que ahora queda en manos de quienes lo vieron trabajar arriba del escenario. Cuando alguien me pregunta por qué me sigue conmoviendo la cumbia santafesina, pienso en historias como esta y me doy cuenta de que, en buena parte, la respuesta está en gente como él, que le puso el cuerpo y el reloj al ritmo sin pedir nada a cambio. Por eso, más allá del dolor por su partida, prefiero quedarme con la imagen de la Oveja entrando a un estudio con las baquetas listas, armando desde abajo la fiesta que después iba a terminar en la pista. Ahí, en ese gesto, sigue vivo.

CM
Carla MontenegroCultura y espectáculos

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